¿Es posible hoy una minería sostenible en España?: “NO EN MI PUEBLO”

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Autor: Mariano Álvaro López, geólogo |Con frecuencia hablamos de que tal o cual país es rico porque tiene, entre otras cosas, grandes reservas de materiales geológicos: minerales, rocas industriales, petróleo, gas, etc.

En España, desde la Prehistoria se han explotado todo tipo de sustancias minerales para su aprovechamiento por el hombre: sílex, cobre, hierro, oro, plata, carbón, etc.

Los romanos extrajeron oro en Las Médulas. Éstas son hoy unas ruinas mineras que han evolucionado de forma natural y hoy están consideradas como un paisaje de gran belleza y un espacio protegido. Otros espacios mineros, antiguos y modernos, son en la actualidad espacios naturales protegidos (lagunas del Jarama, Cabárceno, etc), o se valoran como riquezas del patrimonio histórico o arqueológico (las minas romanas de Arditurri, en Oyarzun).

La mina de mercurio de Almadén, en su día la más importante del mundo, fue explotada por celtas, romanos y árabes, si bien éstos no obtenían el mercurio sino el bermellón, colorante de gran valor. El mayor auge de esta mina coincidió con la colonización de América, pues el mercurio se utilizaba para la obtención del oro y la plata, y hubo un galeón – El Guadalupe – especialmente diseñado para llevar el mercurio a América

En los siglos XIX y XX importantes compañías mineras extranjeras explotaron yacimientos de hierro, cobre, estaño, wólfram, etc. Las Minas de Ríotinto de Huelva, hoy inactivas, son un testigo de la pujanza minera en esta época y región. Los abundantes socavones, zanjas y pequeñas bocaminas existentes en todo el oeste y noroeste español dan fe de la actividad minera artesanal que mediante la extracción de wólfram permitió a muchas familias sobrevivir en los duros años posteriores a la Guerra Civil.

Ya en la segunda década del pasado siglo, y siendo entonces su competencia, el IGME, el Instituto Geológico y Minero de España, y la Empresa Nacional Adaro de Investigaciones Mineras (ENADIMSA) abordaron y llevaron a cabo amplios y ambiciosos planes de investigación para el conocimiento geológico de nuestro país y específicamente para la identificación y evaluación de sus recursos minerales (PNAM, PNIM, SISTEMINER, etc.). Hoy sus competencias han sido transferidas a las CCAA.

Actualmente la dependencia energética española del exterior es muy grande: importamos uranio, metales, e ingentes cantidades de gas y petróleo, pero también sabemos que parte de nuestro territorio puede albergar importantes yacimientos de hidrocarburos no convencionales, aún por explorar y evaluar, así como otros recursos.

¿Qué sucede hoy, en los albores del siglo XXI?

Pues que en nuestra vida cotidiana disponemos de teléfonos móviles que emplean minerales como el coltán, ordenadores, joyas de oro, plata y gemas, magníficos vehículos 4X4 para ir al campo fabricados con hierro, aluminio, etc., que se mueven con petróleo por autopistas, fabricadas a su vez con áridos de cantera y petróleo, magníficas viviendas construidas con acero, ladrillos que fueron arcilla, cemento que fue roca caliza, etc.

Podríamos continuar indefinidamente esta enumeración sin encontrar nada en nuestro entorno que no proceda de la industria minera. ¿Y la madera…?: la madera se corta y se manufactura con herramientas metálicas ¿De dónde proceden estas materias primas sin las cuales regresaríamos al Neolítico? En el caso de España gran parte de las rocas y minerales industriales que consumimos son de producción nacional. Producimos algo de gas y carbón. Pero una gran parte de los minerales metálicos y sus derivados se importan de otros países productores.

En muchos casos su origen está en lejanos países “pobres” del Tercer Mundo (África, Latinoamérica Asia), donde la ley suele tener calibre, y las compañías multinacionales, bien relacionadas con Gobiernos dictatoriales y/o corruptos, los explotan. Su extracción es mucho más barata que Europa Australia, EEUU o Canadá, sin costes medioambientales y con mano veces esclava, dadas las condiciones laborales. La mayor parte de los ciudadanos de aquí no vemos esta problemática, o no la queremos ver.

Aquí, en España queremos seguir disfrutando de nuestro nivel de desarrollo sin preguntarnos de dónde proceden la energía y las materias primas que consumimos y, sobre todo: ¡qué no pongan una mina cerca de mi pueblo!

Algunos colectivos rechazan la actividad minera por su potencial impacto medioambiental, y otros, los habitantes de comarcas mineras históricas se suelen levantar cuando se anuncia el cierre de su mina.

La Administración es la que debe afrontar ambas cuestiones: la primera exigiendo los pertinentes permisos, proyectos, medidas preventivas, fianzas, y seguimiento y control de la actividad, así como la restauración del medio natural. El segundo problema deriva de la ausencia de planificación de la actividad económica de cara al futuro, siendo las comarcas mineras de “monoactividad”, sin planificar ni implementar un desarrollo socioeconómico para la comarca y su comunidad pensando en el cierre de la actividad minera, que cada día tiene una vida más corta.

En otro orden de cosas cabria preguntarse: ¿cuánto, cuándo y dónde ha invertido la Banca española en minería en este país en los últimos 50 años? Es conocido que ha invertido en ladrillo y cemento, fabricados con rocas industriales, pero ¿ha invertido en la exploración o extracción de cobre, hierro, níquel, oro, minerales estratégicos, etc.? Que un banco o caja español financie un proyecto de desarrollo minero (gran inversión inicial, retorno diferido, riesgo en bolsa, etc.) hoy por hoy es una posibilidad remota, a pesar de los retornos que genera.

Y llega la crisis económica global. Crece la demanda de materias primas de los países denominados emergentes. El oro es un valor refugio. Se dispara en las bolsas el precio de los metales. La Minería genera el 45% del PBI mundial, directamente o a través del uso de productos que facilita a otras industrias. Esto es así porque los ingresos que genera la industria minera contribuyen con el 11,5% del PBI global, los servicios a la minería con el 21 a 23% y los fertilizantes, el fuel para transporte y los materiales para la construcción llevan a un total que supera el 45%.

El valor total de la inversión en proyectos de la industria minera mundial en 2012 fue de 735.000 millones de dólares, lo que supuso un aumento de más del 8% en comparación con el valor de la inversión a finales de 2011. En ese año estaban en fase de construcción 130 nuevos proyectos mineros a nivel mundial con una inversión total prevista de 47.000 millones de dólares. Los gastos en exploración durante todo el año 2012 fueron de 23.420 millones de dólares.

Y comienzan a aterrizar en España, y en Portugal, numerosas compañías mineras multinacionales, creando filiales y solicitando permisos de investigación sobre grandes áreas de nuestro territorio, que estaban libre de permisos de compañías españolas, o recomprándolos si estaban vigentes. ¿Y por qué sucede esto, aparte del factor de la coyuntura económica?

Enumeraremos algunas razones:

• El subsuelo español alberga un importante potencial de recursos mineros no explotados ni explorados adecuadamente, mientras que las compañías multinacionales disponen de conocimientos, técnicas actualizadas de prospección y nuevos modelos geológicos. Cada potencial yacimiento ibérico tiene varios equivalentes bien estudiados en otros lugares del globo.

• España dispone de una buena infraestructura de conocimiento geológico de su territorio: cartografía geológica a diversas escalas, archivos de documentación de las épocas en que el IGME y empresas estatales como ENADIMSA investigaron, publicaciones científicas geológicas y mineras, etc. Y algunas CCAA también han desarrollado sus propios planes de conocimiento geológico de su territorio.

• Disponemos de personal cualificado. Las Escuelas y Facultades españolas “producen” geólogos y ingenieros de minas cualificados que con una alta ocupación en un pasado no muy lejano, hoy está emigrando, principalmente a Europa, Latinoamérica y África. (Además en los últimos años es significativo el abandono por parte de los alumnos de las especialidades “mineras” por su incierto futuro laboral).

• También contamos con numerosas empresas de servicios a la Minería: técnicas geofísicas, topografía, perforación de sondeos, etc., aunque muchas están en difícil trance o en proceso de desaparición.

• El alto nivel de infraestructuras del país: buenas comunicaciones, proximidad a núcleos de población, etc., y excelente situación geográfica: puertos al Atlántico y al Mediterráneo.

• Una legislación favorable. Aunque la laboral y medioambiental sean desfavorables frente a países de menor desarrollo, la minera es favorable: la propiedad de los recursos del subsuelo no pertenece al que detenta la del terreno si no al que los solicita e investiga.

Nuestra legislación medioambiental y laboral es avanzada, de momento. Y ello representa para las compañías mineras tener que asumir mayores costes económicos y dilación de plazos en la puesta en operatividad de las explotaciones. Pero en un escenario de crecimiento de la demanda e incremento del precio de las materias primas, es una cuestión de costes. Y si vienen a explorar, y a explotar, es que los balances son positivos. Por otra parte, cada día se pone más en evidencia que el Estado está tirando la toalla al dejar todo en manos de la iniciativa privada.

Llegados aquí, con el panorama descrito, cabe preguntarse: ¿Puede España en su conjunto permitirse desaprovechar las oportunidades del sector de la Minería, aunque sea a través de la actividad de empresas foráneas?

Si buscamos la respuesta en la prensa, encontraremos:

– No existe consignación alguna para la exploración o explotación minera por parte del Estado en los presupuestos generales de la nación. Los dineros públicos para la minería son para la subvención o cierre de las cuencas carboníferas. Hay, o hasta hace poco había, subvenciones anuales para la realización de los planes de labores de los Permisos de investigación o exploración. – Contestación popular ecologista en varias regiones, como Asturias y Galicia, a los proyectos de prospección o explotación de minerales polimetálicos por ubicarse en zonas con figuras de protección – Contestación en Salamanca y Cáceres, en su momento, a la prospección de uranio. – Cierre de la principal mina de níquel de Europa, ubicada en Badajoz. – Oposición a la prospección de hidrocarburos en las Islas Canarias. – Oposición popular ecologista y también institucional a la exploración de hidrocarburos no convencionales en Cantabria, Euzkadi, Navarra, Castilla y León y Catalunya. – Etc., etc.

No obstante, en Huelva existe un clamor popular que exige la reapertura de la mina de Ríotinto por parte de una compañía multinacional chipriota., que se viene demorando hace años por razones administrativas.

Siendo España un país moderno, con recursos minerales en su subsuelo que pueden generarle riqueza, trabajo y bienestar, dotado de herramientas jurídicas y legales modernas y adecuadas, y un grado de desarrollo tecnológico no desdeñable ¿No seremos capaces de aprovecharlo en la situación actual del país?

¿No es posible compatibilizar el beneficio de los recursos con el respeto al Medioambiente y a la población de las regiones y comunidades afectadas?

¿No tenemos unos dirigentes capaces de ver la oportunidad y disponer los planes, medios y recursos necesarios para implementar una Minería sostenible, que genere riqueza y futuro para la nación, garantizando al mismo tiempo el respeto al Medioambiente y el desarrollo económico y social de las comunidades durante y después la vida de la actividad minera, sin que le atenace permanentemente el “Síndrome de Aznalcóllar”?

¿No será posible que los partidos políticos, más que pensar en sus votos, expliquen y negocien con los ciudadanos la necesidad e interés de investigar nuestros recursos y, llegado el caso, explotarlos en las mejores condiciones, de sostenibilidad y respeto al medioambiente y a las poblaciones afectadas?

Quiero pensar que sí, que este país puede. Espero que lo vean mis hijos y mis nietos.