Discursos de Recepción e Ingreso, correspondientes al Acto de otorgamiento
Conforme a la Resolución del Consejo Superior Universitario, Res. CSU N° 099/2026, celebrado el jueves 3 de septiembre de 2026, a las 10:00, en las instalaciones de la Sala de Consejo Superior Universitario (UNI).
Tras las palabras de introducción y presentación del EXCMO. Sr. Rector de la Universidad Nacional de Itapúa y Viceministro de Educación Superior de Paraguay
DISCURSO DE RECEPCIÓN
Prof. Dra. Estelvina Rodríguez Portillo – Madrina del Doctorando
Universidad Nacional de Itapúa – Encarnación (Paraguay)
Señor Rector de la Universidad Nacional de Itapúa, Señora Vicerrectora, Autoridades universitarias, Distinguidos miembros de la comunidad académica, colegas, estudiantes, invitados especiales, y muy especialmente, Dr. Jesús Martínez Frías

Asumo hoy, con profunda emoción y el más alto sentido de la responsabilidad académica, el honor de presentar ante esta casa de estudios a una figura impecable de la ciencia contemporánea.
Hablar del Dr. Jesús Martínez Frías es hablar de una trayectoria científica de excelencia, construida a través de la investigación, la exploración y la generación de conocimiento en ámbitos tan relevantes como las ciencias planetarias, la geología, la geobiología y los análogos terrestres de Marte. Entender el universo exige una mirada atenta, un rigor implacable y una curiosidad que no conozca fronteras.
El Dr. Martínez Frías ha dedicado su vida a desentrañar los secretos que permiten comprender no solo la historia dinámica de la Tierra, sino los escenarios que hacen posible la exploración de la Luna, Marte y el origen de la vida misma. Su obra científica es un testimonio de cómo la investigación de vanguardia expande de forma tangible los horizontes de la humanidad. Sin embargo, la verdadera dimensión de un científico no se mide únicamente por la trascendencia de sus hallazgos o el impacto de sus publicaciones, sino por su generosidad para enseñar.
El Dr. Martínez Frías es un maestro incansable, un divulgador riguroso y un activo colaborador de instituciones, disciplinas y naciones, convencido de que la ciencia es un patrimonio universal capaz de encender la vocación de las nuevas generaciones en cualquier rincón del mundo.
Pero sus méritos científicos, por numerosos que sean, no son lo que quisiera destacar principalmente esta mañana. Porque la ciencia también se reconoce por la manera en que se hace.
Y Jesús Martínez Frías representa una cualidad que considero esencial en un verdadero científico: la capacidad de compartir el conocimiento y de construir ciencia junto a otros.
Su espíritu de colaboración ha permitido tender puentes y legados para las nuevas generaciones. Ha sabido comprender que la ciencia no avanza cuando el conocimiento se guarda, sino cuando se comparte, se discute, se cuestiona y se transforma en nuevas preguntas. Cuestionar y ser cuestionado requiere habilidades que transcienden la formación técnica, pero absolutamente necesaria en ciencia que avanza.
Esa generosidad intelectual es, una de las expresiones más nobles de la actividad científica.
Un gran científico no es solamente quien descubre. Es también quien inspira, quien escucha, quien abre puertas, quien forma nuevas generaciones y quien entiende que el conocimiento adquiere verdadero valor cuando puede trascender al propio investigador.
Y es precisamente esa visión la que hoy se reconoce.
La Universidad Nacional de Itapúa, al otorgar esta distinción, no solamente honra una trayectoria individual. Está afirmando también su compromiso y su destaque en el reconocimiento del talento que promueve la cooperación científica y que entiende que la ciencia paraguaya debe dialogar con la ciencia del mundo, Con este acto, la UNI reafirma su compromiso con la excelencia científica, proyecta su labor hacia redes internacionales de primer nivel y ofrece a su comunidad académica un modelo de ética, pasión y entrega por la búsqueda de la verdad, cimentado en la inversión de capacidades con las que una sociedad desarrolla su futuro.
En lo personal, esta distinción tiene además un significado muy especial, porque muchos de nosotros hemos encontrado en Martínez Frías, no solamente a un referente científico, sino a un colega dispuesto a colaborar, orientar y compartir. En la lectura de cada roca por el Paraná, en el interés y la divulgación del avañe´e, explorando y apoyando la denominación guaraní en todo el sistema solar.
Apreciado Dr.:
Hoy la Universidad Nacional de Itapúa oficializa su distinción, pero también quiero decirle que, de alguna manera, esta comunidad académica ya le considera parte de ella.
Que este reconocimiento sea, entonces, no un punto de llegada, sino la celebración de una colaboración que continúa y de muchas preguntas científicas que todavía nos quedan por responder.
Quisiera terminar retomando una idea fundamental de Carl Sagan en El mundo y sus demonios: la ciencia no consiste únicamente en acumular conocimientos, sino en cultivar una forma de pensar capaz de cuestionar, comprobar y distinguir la evidencia de aquello que simplemente deseamos creer.
Y creo que ese principio representa muy bien el espíritu que la propia Universidad incentiva y reconoce: la curiosidad para explorar lo desconocido, el rigor para buscar respuestas y la generosidad para compartirlas. Porque la ciencia, cuando se hace con rigor y con vocación de servicio, no solamente nos permite comprender otros mundos; nos ayuda también a comprender mejor el nuestro.
Que sigamos teniendo la curiosidad para buscarlo, la humildad para aprender y la generosidad para descubrirlo juntos.
Porque escudo es la ciencia y escudo es el dinero: Mas la sabiduría excede en que da vida a sus poseedores. Eclesiastés 7:12.
Dr. Jesús Martínez-Frías: bienvenido a la Universidad Nacional de Itapúa.
Muchas gracias.
DISCURSO DE INGRESO
Prof. Dr. Jesús Martínez Frías
Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Reales Academias de Ciencias y Doctores de España
Excelentísimo Señor Rector de la Universidad Nacional de Itapúa, Profesor Doctor Hermenegildo Cohene Velázquez, Excelentísimas autoridades,Miembros del Consejo Universitario; Distinguidas doctoras y doctores, docentes, investigadores y amigas y amigos

Recibo hoy, con profunda humildad y una emoción que difícilmente puedo disimular, el más alto reconocimiento que una universidad puede otorgar: el Doctorado Honoris Causa.
Lo recibo no como un premio individual, sino como un gesto de generosidad intelectual y de confianza en la ciencia y la educación y como un puente invisible –pero cada vez más tangible–, que, como español, valoro en su categoría de vinculación académica entre nuestros dos países.
Agradezco a la Universidad Nacional de Itapúa, fundada hace ya tres décadas, con la visión de servicio a Paraguay y de situar a la persona en el centro de su proyecto formativo, el honor de incorporarme a su claustro académico y científico.
Y agradezco especialmente a quienes han apoyado e impulsado esta distinción (autoridades y colegas) y a todos aquellos que, desde la docencia, la investigación y la gestión, construyen cada día una universidad pública de calidad, comprometida con su territorio y también abierta al mundo (y yo diría que, con la modestia necesaria de las investigaciones conjuntas que venimos desarrollado, también al universo). Algo que, de alguna manera, traslada la tradicional cosmovisión guaraní al futuro más innovador y útil para el avance y el desarrollo de la sociedad.
Permítanme comenzar por lo que considero el corazón de cualquier universidad: la educación. Vivimos tiempos en los que el conocimiento se fragmenta, se instrumentaliza o se reduce a métricas. Frente a ello, instituciones como la Universidad Nacional de Itapúa nos recuerdan que educar es, ante todo, formar personas capaces de pensar con rigor, de actuar con responsabilidad y de mirar el mundo (y a otros mundos) con asombro. La educación superior no es solo transmisión de contenidos; es la construcción de una ciudadanía científica, crítica y solidaria.
En un país bilingüe y pluricultural como Paraguay, donde el guaraní y el español conviven y se enriquecen mutuamente, esa tarea adquiere una dimensión aún más profunda: formar profesionales, que no solo dominen las herramientas de su disciplina, sino que sepan integrar el saber científico con las raíces culturales que dan sentido a la vida en comunidad.
He dedicado mi vida académica y profesional a la geología planetaria y a la astrobiología. Estas disciplinas nos invitan a mirar más allá de la Tierra, no solo para ampliar las fronteras del conocimiento, sino para comprender mejor nuestro propio planeta.
Por ello, no solo nos embarcamos en misiones de exploración e investigación espacial (como el importantísimo programa Artemis, al que Paraguay se ha incorporado recientemente y en el que me honra haber puesto, junto con los colaboradores de la UNI, mi modesto granito de arena), sino que analizamos análogos terrestres, laboratorios naturales excepcionales, para utilizar la Tierra como modelo y como sistema en la exploración de otros mundos. En Paraguay, venimos realizando estudios novedosos y únicos en el río Paraná y en su cauce basáltico (el agua y sus complejos sistemas superficiales y subsuperficiales, como fuente de conocimiento ambiental y paleoambiental, de habitabilidad y de vida).
Estamos siendo pioneros en esta iniciativa, desde las raíces de lo más profundo y telúrico de nuestro planeta a la comprensión de los requerimientos para la futura habitabilidad fuera de él; la búsqueda de posibles indicios de vida extraterrestre y cómo todo el conjunto repercute en la sostenibilidad de la Tierra y la Vida como recurso educativo, científico y técnico para las generaciones futuras.
Geosfera, Bíosfera y Cosmos conforman un todo que debemos ser capaces de comprender y respetar en su justa medida, con la ética que requiere nuestra voluntad de hacerlo, sin perder los valores más nobles que nos definen como humanidad.
Esta búsqueda no es una fuga hacia lo lejano. Al contrario: es un regreso a las preguntas más antiguas de la humanidad. ¿De dónde venimos? ¿Estamos solos? ¿Qué condiciones hacen posible la vida? La geología planetaria y la astrobiología nos obligan a una humildad epistémica: reconocemos que el conocimiento es siempre parcial, que las certezas son provisionales y que la colaboración entre disciplinas: geología, biología, química, física, matemáticas, ingenierías, incluso filosofía y ciencias sociales y humanas, es indispensable. La astrobiología es, por ello, profundamente inclusiva y humanista.
Y aquí deseo hacer un guiño sincero y respetuoso a la cosmovisión guaraní. Por lo que he podido aprender a lo largo de estos años, en la tradición guaraní, el ser humano no se concibe como dueño de la Tierra, sino como parte de un tejido de relaciones multidimensionales. El lugar donde se es, donde se vive en comunidad con los demás seres, no es un recurso explotable, sino el espacio de la reciprocidad. La Tierra no es un objeto inerte; está impregnada de sentido, de memoria y de responsabilidad. Conceptos, como la búsqueda de la armonía con el entorno, nos hablan de una sabiduría ecológica y ética (geoética y bioética), que la ciencia contemporánea está redescubriendo, aunque con otro lenguaje. Cuando los astrobiólogos hablamos de “habitabilidad planetaria” o de “sistemas Tierra-vida”, estamos, en el fondo, dialogando con esa intuición ancestral: la vida solo es posible en equilibrio, en interdependencia y en respeto hacia el medio que la sostiene.
La cultura guaraní nos recuerda que el conocimiento no es solo acumulación de datos, sino también escucha, memoria y cuidado. En un momento en que la crisis climática y la transformación dramática de la geodiversidad y la pérdida de biodiversidad, nos confrontan con los límites de un modelo básicamente extractivo, la cosmovisión guaraní nos ofrece una lección de sobriedad y de pertenencia, que conviene no olvidar. Integrar esa mirada en la formación de futuros educadores, científicos y profesionales no es romanticismo: es una forma de enriquecer el pensamiento crítico y de anclar la ciencia en una ética de la protección y conservación de nuestro entorno, ya sea la Tierra, la Luna, Marte o cualquier objeto celeste.
Por ello, este Doctorado Honoris Causa no puede ser solo un reconocimiento retrospectivo (al menos así lo entiendo yo). Debe ser, sobre todo, un compromiso de futuro. Me comprometo a trabajar por el fortalecimiento de colaboraciones científicas y educativas entre nuestros dos países. Nuestro MoU, entre la Universidad Nacional de Itapúa y la Red Española de Planetología y Astrobiología (REDESPA) fue un inicio de ello. Podemos imaginar programas conjuntos en geociencias planetarias y astrobiología y el establecimiento de conversatorios y mesas redondas; el impulso de la investigación sobre el patrimonio natural y cultural desde una perspectiva interdisciplinar, e, incluso, promover la creación de un espacio expositivo, divulgativo y de comunicación multidisciplinario para la sociedad en su conjunto, aprovechando, tal vez, la rehabilitación de alguna infraestructura existente. La ciencia no avanza solo en los grandes centros metropolitanos; avanza también cuando se arraiga en los territorios, aparentemente más sencillos, pero no por ello poco relevantes.
Ndarekói ñe’ẽ ahechauka haĝua che aguyje pypukuvéva Mbo’ehaovusu Tetãgua Itapúa-pegua.
Tuicha mba’e chéve guarã ahupyty haguére ko jehechakuaa, ndaha’éire mbo’eháraguaichante ha katu, opoko che korasõre ha’eramoguáicha mbo’ehára ha tembikuaarekahára paraguayo peteĩva pende apytépe.
Aguyjevete pendéve che ánga ruguáguive!
Traducción:
No tengo palabras para expresar mi profunda gratitud a la Universidad Nacional de Itapúa.
Es un gran honor para mí recibir este Reconocimiento, que personalmente va más allá de lo académico y de mis colaboraciones científicas y que me toca el corazón, como si fuera un profesor y científico paraguayo: uno de ustedes.
Muchas gracias desde lo más profundo de mi ser.

Algunas imágenes del Acto, con la entrega de la Placa por parte del Rector y Vicerrectora de la Universidad Nacional de Itapúa, Encarnación (Paraguay)
Jesús Martínez Frías es Dr. en Ciencias Geológicas y colegiado del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos (ICOG), desde el 30 de julio de 1982, con el nº 783. Nombrado “Geólogo de Honor”, ICOG, en 2025.
Es miembro del CSIC en el IGEO (CSIC-UCM), Académico de las Reales Academias de Ciencias y Doctores de España y de la Academia de Ciencias, Ingenierías y Humanidades de Lanzarote. Es experto en meteoritos, geología y planetaria y astrobiología y pionero en las investigaciones sobre análogos planetarios y búsqueda de huellas de vida extraterrestre. Cofundador del Centro de Astrobiología, asociado a la NASA. Miembro de las misiones de la ESA y NASA a Marte (rovers Curiosity y Perseverance). Entre otros, ha sido representante de Europa Occidental en el Comité de Recursos Naturales del ECOSOC, Vicepresidente de la Comisión de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo de la ONU, Presidente de la Comisión de Educación en Geociencias de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS) y Miembro del Comité Organizador de la Comisión de Astrobiología de la Unión Astronómica Internacional. Es fundador y presidente de la Red Española de Planetología y Astrobiología (REDESPA), de la Comisión de Geología Planetaria de la Sociedad Geológica de España y de la Asociación Internacional de Geoética. Vicesecretario de la Real Academia de Ciencias y Presidente de su Comisión de Cultura Científica y Tecnológica. También es Instructor de Astronautas en el Geoparque Mundial UNESCO de Lanzarote y Miembro de su Consejo de Geociencias y del Consejo Científico Asesor de la prestigiosa Fundación Gadea-Ciencia. Cuenta con 14 libros, como autor y editor y unos 400 artículos, algunos de ellos portadas en Nature y Science. Ha recibido numerosos premios y reconocimientos, entre ellos 5 de la NASA, 8 de la ESA, la Placa de la Asociación española de Científicos y varias distinciones en España, Iberoamérica (Colombia, Cuba, Paraguay y Perú) y África. En Arequipa, Perú, un laboratorio lleva su nombre “Laboratorio Martínez Frías de Astrobiología”. En 2025, la IAU reconoció su labor científica y de divulgación asignando su nombre a un asteroide “asteroide 19756 Martínezfrias” y fue nombrado “Dr. honoris causa” por la “Catholic University of New Spain” (UCNE), Miami, Florida (EEUU). Realiza una intensa labor de divulgación. En 2026, recibe este nuevo Doctorado honoris causa de la Universidad Nacional de Itapúa (Paraguay).
Más información:
Tierra y Tecnología – ICOG: https://www.icog.es/TyT/
Universidad Nacional de Itapúa (Paraguay): https://uni.edu.py/








