Nepal: lecciones de geología

0
13

AUTORA

Itziar Delgado González

Geóloga

Vocal de la Junta de Gobierno del ICOG

Las imágenes de la reciente avalancha de lodo, roca y hielo que ha devastado parte de Nepal muestran, una vez más, la extraordinaria fuerza de los procesos geológicos. En cuestión de minutos, enormes volúmenes de material descendieron por los valles del Himalaya arrasando infraestructuras, puentes y viviendas. Como suele ocurrir tras una tragedia, la atención se dirigió inmediatamente hacia la búsqueda de una causa concreta. ¿Fue un terremoto? ¿Un colapso glaciar? ¿Una inundación repentina?

Figura 1. Vista aérea de la gran avalancha de lodo de Nepal (Fuente: BBC).

Sin embargo, más allá del desencadenante inmediato del desastre, resulta especialmente relevante analizar las condiciones previas que contribuyeron a generar un escenario propicio para su ocurrencia.

La geología nos enseña que los grandes desastres rara vez son acontecimientos aislados. Con frecuencia forman parte de una cadena de procesos que se prolongan durante años o incluso décadas, donde cada evento modifica el territorio y condiciona la respuesta ante el siguiente.

En este sentido, para comprender lo ocurrido recientemente en Nepal quizá debamos retroceder más de una década, hasta el terremoto de Gorkha de abril de 2015. Aquel seísmo, de magnitud 7,8, provocó cerca de nueve mil víctimas mortales, destruyó cientos de miles de viviendas y transformó profundamente el paisaje del Himalaya central. Pero sus consecuencias no terminaron cuando cesó la sacudida del terreno.

Miles de desprendimientos, deslizamientos y avalanchas de roca fueron desencadenados a lo largo de las laderas montañosas del país. En numerosos valles quedaron acumulados enormes volúmenes de material inestable que, durante años, han seguido movilizándose por la acción de la gravedad, de las lluvias monzónicas y de la erosión fluvial. Diversos estudios realizados tras el terremoto alertaron precisamente de que los efectos geomorfológicos del seísmo continuarían durante años, aumentando la susceptibilidad de muchas laderas a nuevos colapsos y aportando grandes cantidades de sedimentos a las cuencas hidrográficas.

Figura 2. Fotografías que muestran la avalancha de detritos de Langtang, la cual destruyó por completo el pueblo de Langtang. Se calcula que unas 200 personas murieron en este único evento. A) Vista oblicua hacia el noroeste del depósito con el acantilado en el cual los detritos se suspendieron en el aire. Las casas en primer plano fueron derribadas por la onda expansiva resultante. B) Vista aérea del depósito que muestra la ubicación del túnel del río Langtang a través del hielo y los detritos. Fuente: Collins y Jibson (2015, p 35); reproducido por cortesía del U.S. Geological Survey.

Cuando la sismología revela la verdadera causa.

Por eso la reciente catástrofe resulta tan interesante desde el punto de vista científico. Las investigaciones preliminares apuntan a que el desencadenante inmediato no habría sido un terremoto tectónico, como se creyó inicialmente. Los análisis sísmicos y las imágenes de satélite sugieren que el proceso comenzó con el colapso de una gran masa de hielo y roca en una zona glaciar de alta montaña. El material desprendido descendió rápidamente hacia el fondo del valle y pudo bloquear temporalmente el cauce de un río. Tras la acumulación de agua aguas arriba, esa barrera natural habría acabado cediendo, liberando una enorme avalancha de agua, lodo, hielo y bloques rocosos que se propagó valle abajo con una capacidad destructiva devastadora.

Figura 3. Consecuencias de las inundaciones y flujos de detritos que afectaron a Nepal en agosto de 2026. Fuente: UNOSAT (United Nations Satellite Centre), Floods in Nepal, August 2026.

Uno de los aspectos más fascinantes del episodio es que la propia ciencia fue capaz de reconstruir la secuencia de acontecimientos prácticamente en tiempo real. Durante las primeras horas, distintas informaciones apuntaron a que un terremoto de magnitud 5,2 podría haber sido el desencadenante del gran desprendimiento que acabó provocando la avalancha de lodo, hielo y rocas.

La hipótesis parecía razonable. Nepal se encuentra en el límite activo entre las placas India y Euroasiática, una de las regiones tectónicamente más complejas y sísmicamente activas del planeta. Sin embargo, el análisis posterior de los registros sísmicos permitió cuestionar esta interpretación.

La explicación constituye un extraordinario ejemplo del valor de la geología y la sismología para comprender fenómenos naturales incluso en lugares remotos.

Un terremoto tectónico se produce por la rotura brusca de una falla. Durante años o siglos, las rocas acumulan deformación hasta que superan su resistencia y se desplazan de manera repentina. El mecanismo dominante es un movimiento de cizalla, es decir, dos bloques de roca que se deslizan uno respecto a otro. Este proceso genera una señal sísmica característica en la que las ondas S o secundarias, asociadas precisamente a esfuerzos cortantes, presentan una representación muy clara.

Por el contrario, el colapso gravitacional de una ladera responde a una dinámica diferente. Aunque durante la caída se producen múltiples mecanismos de deformación, predominan procesos relacionados con la aceleración gravitatoria, los impactos y la compresión de los materiales durante el desplome. Como consecuencia, la señal sísmica generada presenta características distintas a las de una rotura tectónica, con una representación relativamente más importante de las ondas compresivas y patrones que permiten distinguir estos eventos de los terremotos convencionales. La sismología moderna dispone de técnicas específicas para diferenciar desprendimientos y terremotos a partir de sus registros instrumentales.

Esta capacidad de discriminación demuestra que los sismógrafos no sirven únicamente para localizar terremotos. También permiten identificar desprendimientos, colapsos glaciares, movimientos de ladera e incluso otros procesos geológicos capaces de generar vibraciones detectables a grandes distancias. Detrás de cada señal registrada existe una historia geológica que puede ser reconstruida mediante el análisis científico.

El agua: la consecuencia menos visible de los terremotos

Pero los efectos del terremoto de 2015 fueron mucho más allá de la inestabilidad de las laderas. Uno de los aspectos menos conocidos y probablemente más relevantes para las comunidades locales fue la alteración de los recursos hídricos de montaña. Tras el seísmo se documentaron cambios significativos en el comportamiento de numerosos manantiales: algunos aumentaron su caudal, otros aparecieron en lugares donde antes no existían y muchos se redujeron drásticamente o desaparecieron por completo.

Para un hidrogeólogo, estos cambios resultan comprensibles. El agua subterránea circula a través de redes complejas de fracturas, fisuras y zonas permeables presentes en las rocas. Cuando un terremoto modifica la geometría de esas fracturas, la permeabilidad del terreno puede cambiar sustancialmente. Algunas rutas de circulación se abren, otras se cierran y el agua puede comenzar a emerger en lugares distintos a los habituales.

Lo que desde una perspectiva científica constituye una reorganización del sistema hidrogeológico puede convertirse en un problema crítico para las comunidades de montaña.

En muchas aldeas del Himalaya los manantiales representan la principal fuente de abastecimiento de agua para consumo humano, agricultura y ganadería. La desaparición de una surgencia no constituye únicamente una alteración ambiental; puede comprometer directamente la viabilidad de un asentamiento humano. Cuando desaparece el acceso al agua desaparece también una condición esencial para la permanencia de la población.

Por ello, es probable que algunos desplazamientos poblacionales producidos tras el terremoto no estuvieran relacionados únicamente con la destrucción de viviendas o con el riesgo de deslizamientos, sino también con la pérdida de recursos hídricos fundamentales para la vida cotidiana.

La reconstrucción y la geología

Tras una catástrofe, la prioridad inmediata es salvar vidas. Posteriormente llega la fase de reconstrucción. Sin embargo, la experiencia demuestra que reconstruir no consiste simplemente en volver a levantar edificios.

La pregunta verdaderamente importante no es cuánto costará reconstruir ni cuánto tiempo llevará hacerlo. La pregunta fundamental es dónde debe reconstruirse.

Con frecuencia, la población desplazada tiende a concentrarse en lugares más accesibles, cercanos a carreteras, infraestructuras y servicios básicos. Pero la accesibilidad no siempre equivale a seguridad.

Los fondos de valle pueden ofrecer mejores comunicaciones y mayores oportunidades económicas, pero también concentran procesos de inundación, avenidas torrenciales, sedimentación y flujos de derrubios. Una comunidad que se traslada para escapar de desprendimientos puede estar aumentando involuntariamente su exposición a otros peligros geológicos.

Aquí es donde la geología adquiere un papel estratégico. La cartografía geológica, geomorfológica e hidrogeológica permite identificar laderas inestables, zonas inundables, corredores de flujos torrenciales, áreas susceptibles a movimientos de ladera y sectores vulnerables a cambios en la disponibilidad de agua. Esta información resulta esencial para orientar la localización de viviendas, infraestructuras críticas y futuras expansiones urbanas.

La reconstrucción debería aprovecharse siempre como una oportunidad para reducir riesgos, no para reproducirlos.

Una cultura geológica para una sociedad más resiliente

Quizá la enseñanza más importante que deja Nepal sea la necesidad de fortalecer la cultura geológica de la sociedad. Cuando se producen catástrofes de esta magnitud, el debate público suele centrarse en la emergencia inmediata, en el número de víctimas o en los daños materiales. Todo ello es, por supuesto, fundamental. Pero existe otra pregunta igualmente importante: ¿cómo se reconstruye un territorio afectado por un desastre natural?

La respuesta no depende únicamente de ingenieros, arquitectos o responsables políticos. Depende también, y de forma decisiva, de la geología.

Reconstruir no significa simplemente volver a levantar edificios. Significa comprender el territorio para evitar reproducir las condiciones que favorecieron la tragedia. Significa saber qué laderas permanecen inestables, qué valles actúan como corredores naturales para avenidas torrenciales, qué zonas son susceptibles de sufrir deslizamientos y qué áreas pueden experimentar problemas relacionados con los recursos hídricos. En otras palabras, significa incorporar el conocimiento geológico a la planificación.

Con demasiada frecuencia, la geología permanece ausente de los debates públicos sobre ordenación territorial, infraestructuras o gestión de emergencias, pese a que muchas de las decisiones que se adoptan dependen directamente de las características del terreno. Elegimos dónde construir viviendas, carreteras, hospitales o centrales energéticas. Decidimos dónde expandir ciudades y dónde ubicar infraestructuras críticas. Sin embargo, estas decisiones no siempre consideran adecuadamente los procesos geológicos que condicionarán la seguridad de esas inversiones durante décadas.

Los riesgos geológicos no pueden eliminarse, pero sí pueden conocerse y gestionarse. La cartografía geológica, geomorfológica e hidrogeológica permite identificar zonas vulnerables antes de que ocurra una tragedia. Los estudios de peligrosidad ayudan a orientar el crecimiento urbano. La monitorización de laderas, glaciares y cauces puede proporcionar alertas tempranas. La presencia de geólogos en los equipos de planificación y protección civil mejora la capacidad de anticipación y reduce la exposición de la población.

Nepal nos ha enseñado que los desastres naturales son el resultado de la interacción entre la dinámica de la Tierra y las decisiones humanas. Comprender cómo funciona el territorio es una herramienta que nos permite proteger vidas, optimizar recursos públicos y construir sociedades más resilientes.

. Aunque a menudo se considera que la geología se limita al estudio del pasado de la Tierra, su verdadero valor reside también en comprender el presente y anticipar las condiciones que nos permitirán construir un futuro más seguro y sostenible.

Nepal nos recuerda que la geología no comienza cuando llega una emergencia ni termina cuando cesan los titulares. Está presente antes del desastre, ayudando a identificar riesgos y orientar la planificación territorial; durante la crisis, aportando información esencial para comprender lo que está ocurriendo; y después de la catástrofe, guiando la reconstrucción y evitando que las decisiones adoptadas bajo la presión de la urgencia siembren las condiciones que favorecerán el siguiente desastre.

Figura 4. Evaluación satelital de las áreas afectadas por las inundaciones en Nepal. La teledetección constituye una herramienta fundamental para la gestión de emergencias y la evaluación rápida de daños. Fuente: Sentinel Asia. Asian Institute of Technology (AIT). Value Added Product (VAP) for Nepal Floods, August 2026. Disponible en: https://sentinel-asia.org/EO/2026/article20260826NP/AIT/AIT-VAP001-NP_sml.jpg

En un mundo cada vez más expuesto a fenómenos extremos, integrar el conocimiento geológico en la ordenación territorial, la gestión de emergencias y la planificación de infraestructuras no debería considerarse una opción técnica, sino una auténtica política de protección civil. Porque comprender el territorio es, en última instancia, una de las formas más eficaces de proteger a quienes lo habitamos.


Bibliografía

  1. Moss, R.E.S. et al. (2015). Geotechnical Effects of the 2015 Magnitude 7.8 Gorkha, Nepal, Earthquake and Aftershocks. Seismological Research Letters. [pubs.usgs.gov]
  2. Collins, B.D. & Jibson, R.W. (2015). Assessment of Existing and Potential Landslide Hazards Resulting from the April 25, 2015 Gorkha, Nepal Earthquake Sequence. U.S. Geological Survey Open-File Report 2015-1142. [https://pubs.usgs.gov/publication/ofr20151142]
  3. Nepal, S. (2015). How Big Earthquakes Rattle Spring Dynamics. International Centre for Integrated Mountain Development (ICIMOD). [icimod.org]
  4. Le Breton, M. et al. (2022). Seismic Velocity Recovery in the Subsurface: Transient Damage and Groundwater Drainage Following the 2015 Gorkha Earthquake, Nepal. Journal of Geophysical Research: Solid Earth. [agupubs.on….wiley.com]
  5. Huang, C.J. et al. (2016). The Characteristics of the Seismic Signals Induced by Landslides Using a Coupled Finite Difference and Discrete Element Model. Landslides. [link.springer.com]
  6. Rekapalli, R., Yezarla, M. & Rao, N.P. (2024). Discriminating Landslide Waveforms in Continuous Seismic Data Using Power Spectral Density Analysis. Geophysical Research Letters. [agupubs.on….wiley.com]
  7. Pacific Northwest Seismic Network. Earthquake Waves: P Waves and S Waves. Material divulgativo sobre la generación de ondas compresivas y de cizalla en terremotos tectónicos.