El Tesoro de Brando

Esta obra de Manuel Regueiro, es una fantasía histórica. Fantasía, porque recrea la vida imaginada de unos personajes creados por el autor, pero sustentados en una investigación que les dota de carácter histórico.

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Esta obra de Manuel Regueiro, es una fantasía histórica. Fantasía, porque recrea la vida imaginada de unos personajes creados por el autor, pero sustentados en una investigación que les dota de carácter histórico.

La primera parte del libro hace referencia a esa fantasía que surge del narrador de forma natural, como si fuera una historia que nace de los poros y se sustenta en colores, olores y texturas, para dar vida a una naturaleza perdida y añorada.

El conocimiento de la zona, en la que acontecen los hechos narrados, es primordial para trasmutar a los protagonistas en personajes reales, en ficciones comprensibles. La narración es de una gran sencillez y por ello cercana a las vidas reales de los habitantes de un poblamiento neolítico de hace 4000 años en la Galicia Prehistórica. El autor hace alarde de dicho conocimiento, desde una atalaya privilegiada proporcionada por sus raíces gallegas, su particular querencia del entorno de La Costa da Morte, y por su condición de geólogo.

De estos mimbres, la imaginación que sale de lo que es uno, las vivencias de la infancia de una Galicia virgen, y su saber acerca de la geología del entorno, surge la imagen del joven Brando, figura mítica donde las haya, crisol de la sabiduría heredada y de la condición más humana, la de hacerse preguntas.

Cuando el lector imagina a Brando, ya intuye que es la encarnación del mito de ese Neolítico nebuloso acontecido en íntima relación con el tiempo y con el espacio. Para que Brando exista y se haga humano requiere de otros dos personajes que son sus mentores, su apoyatura. Uno masculino, Bran, su padre, del que emana la experiencia de milenios y otro femenino, ligado a la naturaleza del firmamento y del medio físico del que se depende para sobrevivir, representado por la draoid o chamán de la tribu. Bran, es su parte humana, la druída su parte espiritual y divina. Sin ellos, el autor no habría podido dar vida al héroe.

El pequeño asentamiento del neolítico gallego en el que el humano Brando vive, sueña, descubre el sexo junto con Aíne y reinventa su labor diaria, es el inicio de un nuevo camino. Brando emprende una búsqueda que le lleva desde lo ya conocido, a lo nuevo que escapa a nuestros ojos. Mira la naturaleza desde lo más profundo, como lo haría un geólogo, elige los materiales y diseña nuevas formas artísticas que le transforman y transforma a los que con él conviven. Se convierte en reflejo de un mundo cambiante, en héroe y finalmente en mito de todo un periodo histórico. Su transición desde su figura estrictamente humana, que trabaja, escruta, ama, crea y descubre, cristaliza cuando siente la necesidad de reafirmarse en su obra, a través de su identificación con la serpiente. Su trabajo, se transforma en algo creativo que ha de llevar una impronta. Ahí aparece el héroe y su sello. Y el héroe ha de saber más que los otros mortales, porque está tocado por los dioses para grabar los misterios de la naturaleza. El héroe, siempre busca, trasiega, asimila y ha de llegar a descubrir un tesoro. El oro, la piedra dorada que casi nadie tiene, se convierte en el mejor secreto.

Finalmente, a Brando, convertido en guardián de su pueblo y defensor del tesoro, se lo llevará la muerte. La tragedia, que alcanzó a su pueblo, devendrá en la muerte heroica del guerrero que se llevó consigo su mayor tesoro y le consagrará como mito.

En una segunda parte, el escritor va a desplegar un universo paralelo, separado por miles de años, en el mismo espacio en el que habitaron aquello seres de cortas y sencillas vidas, orientadas a la supervivencia y dependientes del entorno. En ese marco natural ya irreconocible unirá las vidas de dos personajes, una arqueóloga y un geólogo, en los que Manolo Regueiro se detiene para narrarnos sus diferentes modos de ser y estar en la vida. Ya en la madurez sus trabajos se entrecruzan y en ese momento, aquellos pobladores neolíticos, van a ir saliendo de la niebla de la fantasía para entrar en la Historia.

Macarena desde su seriedad y constancia como arqueóloga, experta en el mundo céltico, va a emprender una ilusionada búsqueda de respuestas entre los numerosos yacimientos encontrados en el área de La Costa da Morte. Decidir dónde podemos encontrar las huellas del pasado, no es fácil, aunque los restos de pequeños objetos y la serie de petroglifos de todo el área e incluso los dólmenes, nos orienten. Elegido el lugar y el equipo voluntario de jóvenes colaboradores, emprende el viaje soñado de todo arqueólogo; sacar a la luz los restos de los yacimientos y tratar de descifrar en los vestigios de un mundo desaparecido, la historia de aquellas gentes que nos precedieron durante milenios.

Agustín, su marido, viene a ser el alter ego de Macarena y representa el punto de vista menos visible del geólogo, pero decisivo para cualquier investigación en la que esté presente el entorno natural. Hombre racional que con una cierta dosis de sorna, acompaña a Macarena en su aventura.

Los interesantes descubrimientos de esta pareja, nos muestran las diferentes vías de investigación, la de la arqueología que parte de espacios temporales ínfimos y la de la geología que utiliza grandes magnitudes

Macarena inicia la excavación en el lugar intuido y acierta de pleno, devolviendo la vida a un pequeño poblado neolítico con signos de destrucción, y al joven Brando. La impronta en forma de serpiente que halla en sus herramientas, le devuelve a la historia y emociona a todos con esta prueba de identidad. En Dombate, los restos de un cuerpo rodeado de herramientas con el sello del artesano, recuperan al héroe muerto, en cuyo vientre se adivina el reflejo de un tesoro perdido. Y la increíble lectura de los petroglifos del lugar, descubren a la druida que habla con el cielo, explicando un secreto largo tiempo oculto.

Agustín, ha ido desvelando gracias a sus conocimientos geológicos, el origen de los diferentes materiales usados por aquellos hombres del poblado neolítico, para la fabricación de enseres de cerámica o herramientas. Y Macarena pierde el sueño de que aquellas piedras que creyó ver como rudimentarios localizadores de la naturaleza, no lo son. Y no lo son, pero lo fueron. Lo sabemos porque sólo Agustín podía comprender, que el entorno geológico de aquellos escultores se había transformado con el transcurrir de los milenios.

Macarena y Agustín, conectaron a Brando con el presente, y el tesoro descubierto, es el nexo que los une. El mito que nunca debe de ser revelado en su totalidad, para no dejar de ser mito

Manuel Regueiro, geólogo, pintor, escritor, diletante donde los haya, nos ha narrado un pasado imaginario, con un lenguaje sencillo y a la vez poético, para, mediante un trabajo documental exhaustivo, convertirlo en realidad, utilizando un lenguaje cotidiano en los diálogos y formal en las explicaciones científicas. Y es en esa historia cotidiana donde descubrimos su propia vida.

Otro aspecto del libro, que no puedo dejar de destacar es la magnífica edición gallega y castellana a un tiempo. Sin duda es una obra para leerla en gallego, pero es de agradecer la traducción al castellano y la posibilidad de leer en la lengua en la que hablan las gentes de Galicia y de A Costa da Morte.

Almudena García-Orea

Catedrática de Historia

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