En memoria de Fernando Cortés Caballero

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06/08/1961-06/10/2027

La muerte de un compañero nos enfrenta a algo para lo que nunca estamos preparados: intentar resumir una vida. Y ninguna vida, por mucho que lo intentemos, cabe en un currículum.

El de Fernando Cortés Caballero da cuenta de casi cuatro décadas dedicadas a la geología de exploración. Estudió geología en la Universitat Central de Barcelona (1982-1987) y su trayectoria profesional se inició en Asturias con Charter Exploraciones donde participó en el descubrimiento del yacimiento de oro de El Valle-Boinás.

Fue una trayectoria construida sobre el terreno, entre campañas, sondeos, mapas e interpretaciones, y no solo desde los despachos. Trabajó para Anglo American y desarrolló su labor en España, Portugal, Burkina Faso, Ghana, Togo, Mauritania, Tanzania, Kenia y Somalia. Conoció de cerca el Copperbelt de Zambia y la República Democrática del Congo. Esa experiencia internacional, en entornos geológicos y mineros muy distintos, le dio una mirada amplia y una capacidad poco común para situar cada problema en su contexto.

Una parte central de esa trayectoria transcurrió en el Proyecto Riotinto, al que estuvo vinculado durante más de una década y que hoy pertenece a Atalaya Mining. Como Director del Departamento de Geología, puso todo ese conocimiento al servicio de la exploración y del desarrollo de los proyectos de la compañía aumentado de forma significativa los recursos y reservas de la mina. Impulsó proyectos en España que hoy son una realidad como Touro y Masa Valverde.

Junto con su equipo, amplió el conocimiento de los yacimientos y contribuyó al crecimiento de los recursos geológicos de la empresa. Supo acompañar a ese equipo y darle confianza, convencido de que los buenos resultados casi nunca son obra de una sola persona.

Conocía el subsuelo como lo conocen quienes han dedicado media vida a tratar de descifrarlo: con conocimiento, intuición y la prudencia de quien desconfía de las respuestas demasiado sencillas. Tenía experiencia y, por encima de todo, criterio.

Pero quienes trabajamos con él sabemos que eso no basta para explicar quién era.

Fernando destacaba, ante todo, por su calidad humana.

Para él, los proyectos y los resultados nunca estaban por encima de las personas. Incluso en momentos de urgencia encontraba tiempo para interesarse de verdad por cómo estaba quien tenía delante.

Su bondad se veía en los detalles: en una llamada, en una palabra de apoyo o en su manera de escuchar. Sabía percibir cuándo hacía falta ayuda, ánimo o simplemente sentirse acompañado.

Con Fernando uno se sentía ayudado. Si algo iba mal, podías llamarlo con la tranquilidad de que escucharía y haría cuanto estuviera en su mano por ayudar. En los momentos complicados no daba un paso atrás.

Hay profesionales que dejan conocimiento o proyectos. Fernando dejó, además, algo más difícil de medir: la seguridad de saber que había alguien al otro lado.

Los mapas se archivan, los modelos cambian y los proyectos se transforman. Sin embargo, permanece la forma en que alguien te trató.

Yo recordaré a Fernando por su amabilidad, su serenidad y su generosidad; por esa manera de apoyar sin hacer ruido y de llevar humanidad allí donde otros solo veían trabajo.

No necesitaba grandes palabras.

Estaba.

Y a veces eso es lo más importante que una persona puede hacer por los demás.

Quizá por eso resulta tan difícil escribir estas líneas. Cuando se va alguien así, lo primero que se echa de menos no es su conocimiento ni su experiencia, sino su presencia: su forma de entrar en una conversación, de escuchar, la calma que transmitía y la certeza de que, cuando hacía falta, Fernando estaba ahí.

En los próximos años su trabajo seguirá presente en modelos geológicos, informes, campañas de exploración y estimaciones de recursos. Su nombre permanecerá ligado a muchos lugares y proyectos.

Esa será la parte que quede en los archivos.

La otra seguirá con nosotros: en las conversaciones, en los días de campo, en una interpretación discutida ante una sección, en una llamada o en una palabra de ánimo. En esos pequeños gestos de los que, casi sin darnos cuenta, está hecha una vida compartida.

Fernando sabía mucho de lo que había debajo de nuestros pies.

Pero lo más importante es que nunca dejó de mirar a quienes tenía a su lado.

Y eso será lo más difícil de sustituir.

Hasta siempre, Fernando.

Pablo Núñez. Colegiado nº5314