Manuel Alía Medina, in memóriam

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El día 25 de febrero de este año 2012 falleció en Madrid, a la edad de 94 años, el eminente geólogo, catedrático jubilado y académico de Ciencias don Manuel Alía Medina. Con él desaparece, por una parte, uno de los profesores míticos que crearon y desarrollaron la carrera universitaria de Ciencias Geológicas en Madrid, primero dentro de una sección de la Facultad de Ciencias y luego ya en una facultad independiente. Por otra parte, se ha ido una figura histórica, de una generación de geólogos de posguerra proveniente de la antigua licenciatura en Ciencias Naturales, que trabajó en unos tiempos difíciles, dedicado a la exploración geológica y a la profundización en las nuevas especialidades que entonces surgieron, en su caso la Tectónica, y que cuenta en su haber con el importante hallazgo, en el año 1947, del rico yacimiento de fosfatos de Bucraa, en el entonces Sáhara Español, un descubrimiento cuyo impacto económico, e incluso político, sigue de gran actualidad en nuestros días.

El profesor don Manuel Alía nació en Toledo en octubre de 1917. Estudió la licenciatura en Ciencias Naturales en la Universidad de Madrid entre los años 1933 y 1940, y en 1944 obtuvo el grado de doctor, recibiendo además el Premio Extraordinario del Doctorado. Su vinculación a la enseñanza, su vida de profesor, comenzó muy pronto, antes incluso de terminar la licenciatura, con un nombramiento cuya impresionante denominación recordaba siempre don Manuel Alía con cariño: ayudante 2° interino gratuito de la Sección de Ciencias del Instituto Nacional de Segunda Enseñanza de Toledo, en el curso 1936-1937. En 1940 obtuvo por oposición una Cátedra de Ciencias Naturales de Enseñanza Media, siendo destinado al Instituto de Valdepeñas, en Ciudad Real, y, más tarde, por traslado, al Instituto Núñez de Arce de Valladolid. Se inició en la enseñanza universitaria en el curso 1939-1940, y, en 1948, obtuvo por oposición la Cátedra de Geografía Física y Geología Aplicada en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Valladolid. En 1963 obtuvo la Cátedra de Geodinámica Interna en la Universidad Central en Madrid (hoy Universidad Complutense) y desde entonces impartió enseñanzas de Geología General, Tectónica, Prospección Geológica y Geofísica y, de manera especial, Geodinámica Interna y Geotectónica, hasta su jubilación en 1985.

Su actividad científica fue muy dilatada, contando con gran número de publicaciones, trabajos inéditos, comunicaciones a congresos y dirección de tesis doctorales y de licenciatura. Ciertamente su labor se puede considerar fuera de lo común por lo atractivo de alguna de sus líneas de trabajo, por la brillantez de los resultados y, muy especialmente, por el interés aplicado de sus hallazgos. En alguna de sus fases, al interés científico de su labor se unió también el aura romántica de haber trabajado en el marco duro y difícil del desierto. Así, de entre sus líneas de investigación, destacan sus trabajos en el continente africano, al incorporarse en 1941 a los equipos de exploración científica del Sáhara Español en el Laboratorio de Geografía Física de la Universidad de Madrid, dirigidos por el insigne profesor don Eduardo Hernández-Pacheco y por su hijo Francisco.

Precisamente don Francisco Hernández Pacheco relataba en el prólogo de la primera monografía sobre el Sáhara que Alía publicó en 1945, cómo tras la guerra civil, al reiniciar en 1941 junto con su padre Eduardo los recorridos científicos por el Sáhara español, se dieron cuenta de que el estudio geológico de aquellos territorios era una empresa muy seria, que debía abordarse de una forma más sistemática y profunda y que no estaba exenta de grandes dificultades, científicas y logísticas. Pensaron que debía abordarla un joven colaborador con buenos conocimientos, licenciado o doctor en Ciencias Naturales, pero que además debía reunir unas excepcionales cualidades humanas: buena condición física, amante de la vida en el campo, buen humor y espíritu deportivo para soportar las inclemencias del tiempo y la incomodidad de largas marchas en camello, y además debía poseer un gran sentido del compañerismo, para compartir las alegrías y la adversidad. Esa persona era don Manuel Alía, brillante alumno entonces del doctorado, y que había acompañado en alguno de los recorridos, demostrando gran entusiasmo, conocimiento, método y capacidad de trabajo.

El profesor Alía realizó 16 expediciones al Sáhara entre los años 1942 y 1960, llevando a cabo un estudio sistemático de la estratigrafía, la geomorfología y la tectónica de tan extenso territorio, en unas condiciones difíciles, sobre todo en las primeras expediciones, a lomos de camello, sin mapas topográficos y sin información geológica previa en la que apoyarse, haciendo siempre gala de una férrea voluntad y una gran vocación. Como consecuencia de estos trabajos, además de realizar su tesis doctoral, publicó dos monografías y más de 50 artículos en diversas revistas, referidos a todo tipo de aspectos geológicos de este área, muy especialmente a los geomorfológicos y tectónicos. En la XIX Sesión del Congreso Geológico Internacional, celebrado en 1952 en Argel, presentó el primer mapa geológico del Sáhara español a escala: 1:2.000.000 y, en 1962, contribuyó al mapa tectónico de África, con la parte correspondiente al Sáhara español. También llevó a cabo en 1949 una expedición a la Guinea continental española, cuyos resultados expuso en unas diez publicaciones.

Pero el resultado socialmente más trascendente de su exploración del Sáhara en esa etapa de su vida fue el hallazgo, en 1947, de los niveles de fosfatos del Cretácico-Eoceno, de una riqueza equiparable a la de los yacimientos marroquíes. Dichos niveles eran especialmente ricos en Bucraa, donde fueron más tarde explotados por la compañía FosBucraa. Estos yacimientos de fosfatos son una gran riqueza del actual Sáhara Occidental, que hoy explota la Office Chérifien des Phosphates marroquí. Además de los fosfatos descubrió otros yacimientos minerales en el Sáhara, como los hierros del Devónico de Smara. Estos éxitos, unidos a su gran conocimiento geológico del territorio sahariano, hizo que el profesor Alía fuera reclamado por diversos organismos para colaborar con la investigación y descubrimiento de otros recursos naturales en el Sáhara, como los hierros y cromo del Precámbrico meridional, las posibilidades petrolíferas, el estudio de las margas bituminosas tipo Aaiún, la búsqueda de aguas subterráneas en diversas regiones del desierto y, ya en la Guinea continental, el estudio de los niveles asfálticos y las mineralizaciones de manganeso. La importancia científica y práctica de sus investigaciones en el Sáhara le fue reconocida con varias condecoraciones y distinciones como son las de Comendador de Número de la Orden del Mérito Civil, Comendador con placa de la Orden de África y el nombramiento de Hijo Predilecto de Toledo.

En 1953 fue nombrado jefe del Servicio de Investigación Geológica de la Junta de Energía Nuclear. Una intensa labor en relación con la prospección de yacimientos uraníferos en el Sáhara y en la península Ibérica, junto con frecuentes visitas a yacimientos ya conocidos en Portugal, los Estados Unidos y Francia, dio como resultado el descubrimiento de nuevos yacimientos. Sus relevantes méritos en estos trabajos e investigaciones le valió la concesión de la distinción de Comendador de la Orden de Isabel la Católica en 1959.

Al obtener en 1963 la Cátedra de Geodinámica Interna de la Universidad de Madrid, el profesor Alía comenzó una nueva etapa en la que formó un equipo de investigación con el que se dedicó a estudiar los procesos de la geodinámica interna en varias regiones de la península Ibérica, como la cadena Varisca en Extremadura, la cuenca de Madrid y el área entre los montes de Toledo y Sierra Morena oriental. Formado en la tectónica de una región cratónica como la del Sáhara español, mostró siempre interés por la tectónica de bloques del basamento en la cuenca de Madrid y fue un pionero al interesarse especialmente por la tectónica reciente de las cuencas terciarias, a la que dedicó ya alguna publicación allá por el año 1960. Bajo su dirección se iniciaron los estudios de prospección geofísica magnetométrica y gravimétrica en la sección de Ciencias Geológicas, una línea metodológica que ha continuado con éxito hasta la actualidad, y además impulsó con fuerza la aplicación de la entonces novedosa fotografía aérea. Una parte importante de su labor como profesor universitario fue la formación de nuevos investigadores, de tal manera que dirigió 16 tesis doctorales y 46 tesis de licenciatura, todas ellas leídas en la Facultad de Ciencias Geológicas de Madrid.

De entre los numerosos cargos relacionados con la investigación mencionaremos únicamente algunos: delegado en el África Occidental Española del Instituto de Estudios Africanos (CSIC); director del Servicio Geológico y Mineralógico del África Occidental Española; miembro de la Comisión Mixta de los límites del Sáhara Español; delegado en la UNESCO para los Desiertos cálidos y Países tropicales; jefe del Servicio de Investigación Geológica de la JEN; experto de la Delegación Española en la XI Conferencia Internacional sobre usos pacíficos de la Energía Atómica; jefe de la Sección de Geología Estructural del Instituto Lucas Mallada (CSIC); asesor secretario del Departamento de Geología de la Fundación Juan March; vocal de la  Comisión Nacional de Geodesia y Geofísica; vocal de la Asociación para el Progreso de las Ciencias; vicepresidente de la Real Sociedad Geográfica y presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Como culminación de su carrera científica fue elegido, en el año 1976, académico de Número de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (medalla número 17), en la que fue secretario de la Sección de Ciencias Naturales durante seis años. Fue también académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

Don Manuel Alía participó siempre en la vida asociativa de la geología profesional, primero como miembro de la Asociación de Geólogos Españoles (AGE) y posteriormente como colegiado del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos (nº 891 de colegiado), con el que ha colaborado activamente en diversas actividades, entre ellas, hasta muy recientemente, en los geoforos. En reconocimiento por su constante apoyo al Colegio fue nombrado Colegiado de Honor en el año 2007, distinción que le entregó en la cena de Navidad del ICOG la entonces ministra de Educación Mercedes Cabrera.

Descanse en paz el geólogo, brillante explorador y profesor universitario que formará para siempre parte de la historia de la geología española, sus discípulos siempre le recordaremos, además, como una persona inteligente, afectuosa, educada y paciente.

Ramón Capote | Catedrático de Geodinámica Interna, UCM | Colegiado nº 12