Utopía y realidad en los hornos de cal de la Fuente de las Viñas en Vegas de Matute (1950-1957)

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Tierra y Tecnología nº 41 | Texto y Fotografías | Felipe Asenjo Álvarez, arquitecto; profesor de la UEM; José Miguel Muñoz Jiménez, historiador del arte; profesor de la UEM, y Pablo Schnell Quiertant, arqueólogo; gerente de la AEAC | Desde 2006 se está estudiando y dando a conocer el rico patrimonio de arquitectura industrial de Vegas de Matute (Segovia), en especial el representado por sus más de 20 hornos de cal. Fruto de tal empeño fue la inversión pública de más de 120.000 euros en la restauración y musealización del Parque de Arqueología Industrial del Zancao, inaugurado en 2008, y donde se encuentran las siete caleras más antiguas de la localidad, de lo que ya se hizo eco la revista Tierra y Tecnología en su número 33. Este pequeño geoparque es cada vez más visitado y citado en los medios informativos, tanto generalistas como especializados.

La mayor concentración de hornos de cal de España 

Llama la atención la complejidad geológica del pequeño municipio de Vegas de Matute, ubicado en la falda septentrional de los montes Calocos, y lugar donde se situaron antiguas y modernas labores de minería (en el libro citado en la bibliografía de Díez Herrero y Martín Duque se recogen más de 20 citas sobre la localidad).

tyt41hor01En lo referente a la producción de cal, la razón del alto número de hornos conservados responde al hecho de estar Vegas de Matute en la zona de contacto de los materiales metamórficos hercínicos del Sistema Central con los afloramientos de calizas mesozoicas de origen marino. Otra de las razones fundamentales es la de que los lugareños se dedicaron desde la Edad Media a explotar los sobresalientes estratos de caliza y a quemar su piedra en hornos de muy antigua tradición, hasta convertir el material en cal viva, con una gran concentración de caleras como en ninguna otra parte se puede imaginar.

Así, son los objetivos de este artículo, en primer lugar, repasar las noticias históricas transmitidas oralmente por los testimonios de los caleros aún vivos y por la memoria de los descendientes de los protagonistas, que se refieren a otros cuatro interesantísimos hornos de cal —aunque también se intentó en ellos la producción de ladrillo y teja—, que se conservan arruinados en el paraje de la Fuente de las Viñas (figura 1). En segundo lugar, realizar la cartografía del enclave y el dibujo digitalizado de las caleras, completado con un amplio repertorio fotográfico y señalando de forma arqueológica el estado de abandono de las mismas estructuras (figuras 2, 3, 4 y 5). También, exponer nuestra valoración histórica de su importancia y su significación como acto final de una secular serie de construcción de caleras en la localidad, que llegó a lindar con el terreno de lo utópico o visionario. Con ello queremos rendir una vez más el merecido homenaje al esfuerzo de aquellos caleros segovianos que tanto empeño pusieron en su lucha por la existencia.

tyt41hor02Por último, deseamos mostrar a las autoridades competentes la importancia de este postrer grupo de caleras, pensando en la conservación de sus singulares restos, tan íntimamente ligados al paisaje histórico de Vegas de Matute. Si el Ayuntamiento llevara a cabo la ya prometida puesta en valor del conjunto de nueve hornos de La Lobera, y si algún día se consiguiera musealizar esta calera de la Fuente de las Viñas, sumado al antes citado parque arqueológico del Zancao, sin duda que no habría en España, y aun en Europa, otro municipio con tantos y tan valorados hornos de cal tradicionales e históricos.

Estudio histórico del conjunto de hornos de la Fuente de las Viñas

Antecedentes en la Edad Moderna y Contemporánea: otros conjuntos en Vegas de Matute

A partir de nuestros estudios anteriores, se puede asegurar que en Vegas de Matute la documentación consultada nos informa de la existencia de, al menos, un horno fabricando cal para El Escorial entre los años 1564 y 1567. Pudo existir una producción calera anterior de origen medieval, o bien ser aprovechado el afloramiento calizo para iniciarla con la desmesurada necesidad del monasterio, pero ese dato no se puede afirmar. A partir de 1569, los libros de cuentas de la real obra dejan de aposentar los detalles de la cal, debido a las inmensas cantidades que importaban, por lo que podemos suponer que el o los hornos de las Vegas continuarían atendiendo dicha demanda. Por medio de nuestro estudio hemos concluido que este primer horno del siglo XVI corresponde con el que se conserva más próximo al arco del Zancao y que era un horno doble, o dos hornos emparejados, como ocurre aún hoy. Indudablemente, estas estructuras serían reparadas e incluso reconstruidas innumerables veces a lo largo de sus cuatro siglos de existencia (hemos documentado, por ejemplo, que en el siglo XVIII las bocas de los hornos y los portales tenían una orientación distinta a la actual), pero sus vicisitudes se pueden seguir con continuidad a través de los documentos de los siglos XVII, XVIII y XIX, para cuya consulta derivamos al libro citado en la bibliografía.

tyt41hor03Combinando los datos de los protocolos notariales con los que ofrece el Catastro del Marqués de la Ensenada, deducimos que a este primer horno doble del Zancao se le fueron añadiendo otros cinco más a lo largo del siglo XVIII. El último horno que se construyó en este paraje lo fue hacia 1804, de manera que los siguientes ejemplares se trasladaron (por falta de espacio en el Zancao) al lugar llamado La Lobera, a partir de 1808.

Así, los datos que ofrece el Diccionario Geográfico de Madoz, en 1850, referentes a que en las Vegas había “ocho hornos de cal y uno de valdosa y ladrillo”, concuerdan con los que hemos extraído de los protocolos notariales; es decir, los siete del Zancao más otro doble (anterior a 1808) en el lugar de la Tejera, junto a La Lobera. A lo largo de los siglos XIX y XX se fueron construyendo más hornos en este último sitio, hasta alcanzar el número de nueve calderas, como ya tuvimos ocasión de publicar recientemente. Después de la última Guerra Civil, se levantaron los cuatro ya citados en el paraje de la Fuente de las tyt41hor05Viñas, con una tipología distinta (gran chimenea exenta) y destinados en origen a fabricar cal, aunque también cocieron teja y ladrillo. Estos son los hornos más modernos construidos en la población, y que se estudian en este artículo.

La obra de Gabriel Cubo Rosa en los años cincuenta

La historia del conjunto industrial de la Fuente de las Viñas comienza con la figura del ya fallecido Gabriel Cubo Rosa, natural de Vegas de Matute y propietario de una tienda de comestibles en la localidad, así como más tarde de una frutería en la vecina Otero de Herreros. Según nos ha informado amablemente su hija mayor Ascensión Cubo Useros, Gabriel destacaba por su espíritu emprendedor y, acabada la Guerra Civil, donde sirvió como motorista y recorrió muchos lugares de España, decidió abordar, ya empezada la década de los cincuenta, la construcción de esta industria.

Según testigos de la época, al principio Gabriel se propuso fabricar cal viva por un nuevo método a escala industrial, según lo que aprendió en otro sitio fuera de Vegas de Matute, que no hemos podido precisar. Se trataría de la tyt41hor06construcción de dos hornos puestos en batería, y cuyo tiro se llevaba por conducción semienterrada hasta el arranque de una torreta-chimenea situada en la zona alta de la ladera de las Viñas, suponemos que para facilitar la salida del humo de la combustión. Se trata del grupo constructivo situado a la derecha de la entrada o paso de acceso. Según han explicado, ambos hornos también estaban comunicados entre sí, pues “…se atizaba un horno y las calorías pasaban al otro” (figuras 6, 7 y 8).

La piedra caliza se obtenía de la cantera inmediata (figura 9), situada en la parte alta de la cuesta, por medio del uso de barrenos, pues a Gabriel, “por su buena conducta”, las autoridades de la época le permitieron el uso de dinamita, lo que ya conocíamos en otras de las canteras de caliza de la localidad como la de las Fuentecillas, en el camino viejo de Otero.

Pero el resultado, tras varios intentos y la contratación de obreros de la localidad —lo que nos manifiesta el carácter industrial del empeño—, no fue favorable, sino que “la piedra no se cocía por dentro”. No sabemos si ello se debió a que el sistema no lograba alcanzar la temperatura adecuada, o a que la piedra utilizada no era la conveniente.

Fue entonces cuando Gabriel Cubo intentó utilizar los mismos hornos para la producción de teja y de ladrillo, instalando unas piletas junto a ellos para amasar barro (figura 10). Incluso adquirió una “maquinilla” para fabricar ladrillos. Pero de nuevo, ya sea por deficiencias técnicas de la instalación, o bien por la mala calidad de la arcilla, o bien por ambas cosas a la vez, tuvo que desistir de esta producción tras unas cuantas intentonas.

tyt41hor07Por ello, al final, optó por mandar labrar en una zona inmediata un horno de cal al modo tradicional, del tipo de la veintena larga que ya había en la localidad, si bien, por ser tan moderno, ya ofrece la cámara o caldera de mayor tamaño y hecha toda de ladrillo refractario, lo que solo se había hecho en el horno más tardío del conjunto de La Lobera, también de mediados del siglo XX.

Por último, desanimado por tantos esfuerzos y tanta inversión de dinero al final perdido, Gabriel Cubo optó por venderle la propiedad de la parcela situada “en la ladera de las Viñas” —con un total de 7.250 m2 según contrato privado del año de 1957— al calero de la localidad Celedonio Pérez Portal. Resulta curioso que en este documento que conserva la familia de este último, no se haga ninguna mención de los tres hornos ya construidos por Cubo. Podría ser una muestra de la nula valoración de todo lo hecho, ante los malos resultados obtenidos.

Así acabó esta empresa casi visionaria, heroica a la vez que utópica, de Gabriel Cubo, animoso vecino de Vegas de Matute que no siendo calero intentó la primera producción industrial de la localidad. Después, Gabriel y su familia se fueron a vivir a Segovia, donde abrieron un establecimiento de hostelería.

La obra de Celedonio Pérez Portal en los años sesenta

El citado Celedonio Pérez, fallecido hace pocos años, sí que era un calero experimentado, pues ya tenía un horno en el conjunto de La Lobera, propiedad de su suegro Timoteo Barreno. Se sabe que después del año 1957, y hasta finales de la década de los sesenta, siguió fabricando cal en aquel último horno tradicional de la Fuente de las Viñas que le traspasó Gabriel Cubo, y al que le añadió un segundo horno parejo con el que comparte el portal y presenta semejante obra (figuras 11 y 12). Como el resto de las caleras de Vegas de Matute, estos hornos proveían material al contratista Justo Cubo, quien la enviaba a obras de las provincias de Ávila y Segovia. Hay que entender que Celedonio se proveía de la misma piedra de la cantera existente en la parcela, lo que demuestra que no fue la mala calidad de la caliza lo que hizo fracasar las hornadas “industriales” de Gabriel Cubo, sino la deficiencia del nuevo sistema. Por último, queremos agradecer a la hija de Celedonio Pérez, Gloria, y a su yerno José Luis Cubo, toda la información que nos han facilitado.

Análisis gráfico y arqueológico

El conjunto de Fuente de las Viñas ocupa parte de la citada parcela en la cuestecilla sur de una colina de sustrato calizo, tyt41hor08llamada “ladera de las Viñas”. Se sitúa como a 1 km al oeste de Vegas de Matute, al norte de la carretera de Zarzuela del Monte. Se compone de dos parejas de hornos, otras estructuras construidas y varias obras de acondicionamiento del terreno (excavación, explanación, acceso…), todo ello rodeado por la zanja de explotación de una cantera. El rasgo más característico lo ofrece una pareja de hornos situada al este, pues están unidos por un sistema de canales con una airosa chimenea situada en lo alto de la colina.

Acondicionamiento del terreno

Casi toda la extensión de esta parcela ha sufrido transformaciones antrópicas para adecuarla a la finalidad productiva que se pretendía. Se aprecia que el terreno ha sido rebajado en su parte superior (norte) para colocar los hornos parcialmente enterrados, mientras que hacia el sur se ha construido un gran aterrazamiento para posibilitar la existencia de una explanada delante de los mismos. Todo el complejo está rodeado además por una excavación que discurre en forma de semicírculo por la parte superior de la cuesta que corresponde a una cantera de extracción de piedra caliza.

La primera obra que encontramos es una especie de puente que facilita el acceso al complejo nivelando la pequeña vaguada que hay frente a él. Se trata de un pasillo elevado de 25 m de largo y 6 de ancho soportado por muros aplomados de sillarejo calizo a hueso dispuestos a ambos lados del camino. Este paso elevado, entre dos parcelas ajenas, permite acceder a la plataforma frontal sin perder altura evitando el cambio de pendiente en la vaguada, por lo que pensamos que se hizo con la finalidad de facilitar el tráfico rodado de vehículos de carga, seguramente previendo las dificultades que pudiesen tener los camiones más que los carros.

tyt41hor09Este paso conduce a una gran plataforma elevada que hay frente a los hornos, que por ello cumple la función de espacio de distribución y circulación, además de otras que pudiese tener como almacén temporal de la producción, o secadero alejado de la humedad de la vaguada (figura 1). El modo de construcción es el mismo que el del pasillo descrito: muros de aterrazamiento de sillarejo calizo a hueso de unos 35 m a cada lado del paso, que sujetan un relleno de echadizo que mantiene la horizontal en esta explanada artificial, de unos 10 m de anchura. Todos estos muros han sido realizados con una cuidada cantería, con paredes a plomo, tallando los sillarejos y rellenando las llagas con pequeños ripios.

Los hornos

Los hornos se presentan en dos parejas: una al este y otra al oeste del acceso descrito, ambos precedidos por la explanada artificial.

tyt41hor10Los del oeste constituyen el típico conjunto de hornos emparejados que se repite en otras caleras tradicionales de Vegas de Matute: calderas parcialmente enterradas en la ladera, arropadas por montículos de caliche y precedidas de un porche llamado portal o solar, incluso con dos hornacinas laterales como era habitual en estos cobertizos. La función de este cuerpo era la de proteger de la lluvia a los caleros, la leña e incluso la cal cocida. Como hemos dicho en otras ocasiones, estos elementos son propios de la zona (Vegas de Matute, Ituero y Lama) y de Madrid (Valdemorillo-Quijorna) y constituyen un rasgo de identidad propio.

Las dimensiones de las cámaras de estos hornos pueden obtenerse en los dibujos por lo que no se incluyen aquí. Como diferencia con otros del pueblo, señalamos que son más grandes, y sus paredes están hechas de ladrillos colocados a soga, cerrando por aproximación de hiladas la cámara. Los hombros de esta falsa bóveda quedan rellenados con caliche. En su parte baja, por el interior, tienen una moldura para encajar la primera hilada de bloques de piedra a cocer. Como curiosidad, en ambas calderas hay restos de escoria vitrificada, lo que nos indica que o bien llevaban algún enlucido interior con una sustancia vitrificable o bien se coció en ellos algo que no era cal, tal vez cerámica vidriada. El muro de fachada presenta una cuidada albañilería, como es habitual en toda la obra, construido con sillarejos calizos a hueso, aunque en algunos tramos se ha llagado con cemento. La boca de cada uno de los hornos está hecha con sillares de granito dispuestos en dintel, y sobre cada uno hay un arco de medio punto con las dovelas de sillarejo. El espacio entre ambos se cubre con ladrillos, piedras y ripios, indicando seguramente que era una parte que se podía desmontar para acceder con más facilidad al interior de la caldera. Por ello, estos arcos pudieron tener la misión doble de descargar al dintel, y permitir tyt41hor11abrir un acceso más grande cuando fuese necesario, el cual se podía cerrar con facilidad montando de nuevo el dintel y la pared. El estado general de conservación es de ruina progresiva, pero las cámaras se mantienen en pie casi hasta la boca y los muros del portal conservan una buena altura (figuras 13, 14 y 15).

El conjunto oriental es más complicado. Lo componen también dos hornos, pero no están emparejados con el típico sistema de portal delantero. Son obras exentas en tres de sus lados y solo el cuarto se apoya contra el terreno natural; tampoco aparece el montículo de caliche. Estos hornos están construidos en el interior de una caja cuadrada de sillarejo calizo a hueso y el espacio intermedio se rellenó con tierra, no con caliche (figuras 6, 7 y 8). Ambos están derrumbados más o menos en su mitad, y uno está vallado para encerrar perros en él, por lo que es inaccesible. Las dimensiones que hemos podido tomar se muestran en los dibujos, siendo el occidental mucho más grande (figura 16). Las cámaras también están construidas de ladrillo a soga pero las bocas no se pueden ver pues están cubiertas de escombros. En el situado más al este se aprecia que tiene un dintel de madera.

Asimismo se ha perdido en ambos casos la parte superior de la caldera, por donde debían conectarse con las dos conducciones que llevaban los humos hasta la chimenea exenta, cuya disposición nunca más podremos conocer, dada la ausencia de cualquier documento gráfico. Conviene notar también la gran separación existente entre uno y otro horno, que dejan una amplia área intermedia, pensada quizás para construir más adelante algún horno más, completando así la formación en batería.

Lo más característico de estos hornos cuadrados es que de la zona superior de cada uno de ellos parte un canal excavado en la roca. En el oeste, que está exento, para que el canal llegase hasta la boca se construyó un muro que lo sustenta, quedando con la apariencia de un acueducto.

tyt41hor12Estos dos canales excavados en la roca, forrados de piedra y, en su día, cubiertos con losas de tamaño regular de las que se conserva una pieza, suben por la ladera hasta juntarse en uno solo formando una Y invertida. El tramo final llega hasta la base de la estructura que corona el complejo (figura 17). Esta se compone de un cuerpo inferior cuadrado sobre el que se apoyan otros dos circulares, de los cuales el superior es más estrecho. Todos ellos están huecos con el mismo diámetro interior, y no tienen más abertura que la superior y un orificio en su base que comunica con el canal mencionado.

Por todo ello, la identificamos como una chimenea, y los canales, como los tiros de los hornos exentos que, como antes se dijo, iban cubiertos en su día por losas, y un túmulo de tierra hoy perdido. Señalemos que en el interior no se aprecia ennegrecimiento ni hollín, como si no hubiese llegado a funcionar o lo hubiese hecho muy pocas veces (figura 4).

tyt41hor13La erección de la singular torreta-chimenea de tres cuerpos, que recuerda a un pequeño zigurat o alminar escalonado, se justifica por la necesidad de sobreelevar en su boca superior la altura de la cuesta en que se asienta (figuras 18, 19 y 20).

También hay otras estructuras, edificaciones rectangulares situadas sobre la explanada con uno de sus lados apoyado en la ladera recortada, junto a las que hay varias piletas de piedra. Todo este conjunto es difícil de apreciar, pues está parcialmente colmatado, cerrado con vallas y lleno de trastos.

La cantera, por último, es una zanja que rodea al complejo por su parte norte, fruto de la excavación de la piedra caliza (figura 9). Con ella seguramente se levantarían los cuidados muros del conjunto, y sería la materia prima utilizada en los hornos para hacer cal.

Conclusiones

Como conclusiones principales se pueden señalar las siguientes:

  • Identificamos un conjunto de edificaciones articulado en torno a una plataforma artificial y dos parejas de hornos, lo que indica una finalidad industrial. En este paraje de la Fuente de las Viñas se pueden señalar dos sectores, además de la existencia inmediata de una cantera de piedra caliza abierta ad hoc: la pareja de hornos del oeste forma claramente una calera de las habituales en el pueblo, con su portal y que sin duda se utilizó, ya que las cámaras están vitrificadas y cubiertas por caliche proveniente de cocciones de cal defectuosas. Los hornos del este son distintos, exentos y unidos por una canalización a una chimenea superior y no presentan claros signos de uso. Todo ello se engloba en unas adecuaciones del terreno orientadas a facilitar la circulación y almacenaje delante de estos hornos (aterrazamiento, acceso a nivel…).
  • El complejo ofrece unas características comunes en cuanto a su construcción (cuidada cantería a hueso…) que trasluce una concepción global tanto de los distintos elementos que lo componen como de su funcionalidad. Todo parece estar pensado para facilitar la producción a gran escala de los cuatro hornos, el almacenamiento de las materias primas y su producción, así como la circulación por las explanadas… La esmerada cantería de los muros, sobre todo de la chimenea, demuestra el trabajo de profesionales de la albañilería, mientras que la concepción global de los elementos y su complementariedad nos indican un plan de explotación unitario y preconcebido.
  • De esta manera, queda demostrada la admirable labor del industrial Gabriel Cubo Rosa, promotor casi romántico de una empresa que, quizás por la carencia de medios y del asesoramiento técnico adecuado, llegó a rozar lo utópico y lo visionario. Es algo paradójico que este frustrado intento de modernizar la producción artesanal de cal, que en Vegas de Matute contaba ya con siglos de tradición, se hiciera en las vísperas del mayor proceso de transformación económica de España; de su definitiva industrialización en los años sesenta.
  • Resulta muy significativo que el citado Gabriel Cubo acabe construyendo, junto a su “industria” fracasada, un nuevo horno de cal de tipo tradicional, y que poco después, desalentado, traspasase en 1957 la parcela y los hornos al calero Celedonio Pérez Portal, quien labró un segundo horno tradicional junto al anterior, y quien mantuvo durante toda la década siguiente una honrosa producción en ellos, hasta que la generalización del cemento industrial acabó con la necesidad de la cal para fabricar morteros.
  • Por su importancia demostrada, estas caleras deben ser conservadas, pero por tratarse de un conjunto privado nos limitamos a sugerir que se tomen con urgencia las medidas necesarias (cierre, limpieza y prospección arqueológica, consolidación y, por último, señalización) para su puesta en valor. Creemos que los restos arquitectónicos conservados en la Fuente de las Viñas lo merecen. De este modo, junto a las otras caleras de Vegas de Matute, se garantizaría la conservación de un singular paisaje industrial (figura 21), elaborado a lo largo de más de 400 años.

Más detalles en la web:

http://hornosdevegasdematute.110mb.com