{"id":13341,"date":"2022-11-30T09:27:21","date_gmt":"2022-11-30T09:27:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/?p=13341"},"modified":"2022-11-30T09:40:41","modified_gmt":"2022-11-30T09:40:41","slug":"la-geologia-versus-el-dogma-climatico-1a-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/index.php\/2022\/11\/la-geologia-versus-el-dogma-climatico-1a-parte\/","title":{"rendered":"LA GEOLOG\u00cdA VERSUS EL DOGMA CLIM\u00c1TICO (1\u00aa PARTE)"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>TIERRA Y TECNOLOG\u00cdA N\u00ba 60 | DOI: <strong>\u00a0<\/strong><\/strong><a href=\"https:\/\/dx.doi.org\/10.21028\/eog.2022.11.30\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">https:\/\/dx.doi.org\/10.21028\/eog.2022.11.30<\/a>\u00a0|\u00a0<strong>Autor: Enrique Ortega Giron\u00e9s, ge\u00f3logo<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-resumen\">RESUMEN<\/h2>\n\n\n\n<p>Los medios de comunicaci\u00f3n, de forma sesgada, suelen presentar ante la opini\u00f3n p\u00fablica al fen\u00f3meno del calentamiento global como un proceso exclusivamente atribuible a las actividades antr\u00f3picas, y sobre el que la Humanidad tiene capacidad para detenerlo e incluso revertirlo. Sin embargo, el registro geol\u00f3gico del planeta indica todo lo contrario, que a lo largo de la historia de la Tierra han existido espont\u00e1neamente muchos cambios clim\u00e1ticos similares e incluso mayores que el actual, dirigidos por procesos naturales que siguen activos en la actualidad y que, por lo tanto, modificarlos est\u00e1 fuera de nuestro alcance.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">ABSTRACT<\/h2>\n\n\n\n<p>The global warming phenomenon is often portrayed in the media, in a most of the cases in a biased way, as a process exclusively attributable to anthropogenic activities, and consequently mankind would have the capacity to halt or even reverse. However, the geological record of the planet indicates the opposite, that many climate changes similar &nbsp;to the present or even stronger have occurred spontaneously throughout the earth&#8217;s history, driven by natural processes that are still active today, and consequently to modify them is beyond our capacities.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">INTRODUCCI\u00d3N<\/h2>\n\n\n\n<p>La ciencia en general y la geolog\u00eda especialmente, se vieron obligadas a mantener enconados enfrentamientos con inamovibles dogmas religiosos y probablemente, una de las m\u00e1s crudas batallas que debieron librarse tuvo que ver con la edad de la Tierra, ya que hasta bien avanzado el siglo XIX, la Biblia constre\u00f1\u00eda los conocimientos y las interpretaciones sobre nuestro planeta. En 1650, el arzobispo irland\u00e9s James Usser, estudiando con detalle los textos b\u00edblicos, determin\u00f3 con encomiable precisi\u00f3n que la Tierra y el universo fueron creados la noche anterior al 23 de octubre del a\u00f1o 4004 antes de Jesucristo. Aproximadamente un siglo despu\u00e9s, el conde de Buffon calcul\u00f3 que la edad del planeta deb\u00eda estar dentro de una horquilla que situ\u00f3 entre los 75.000 y 168.000 a\u00f1os, y del mismo modo que le ocurri\u00f3 a Galileo, se vio obligado a retractarse inmediatamente para no ser excomulgado (Bryson, 2003). Cuando en los albores del siglo XIX, Hutton introdujo las primeras nociones del actualismo geol\u00f3gico, posteriormente confirmadas por Lyell, se hizo necesario ampliar la duraci\u00f3n de la historia de nuestro planeta, era imprescindible proporcionar el margen temporal suficiente para que se desarrollasen los procesos (sedimentaci\u00f3n, plegamiento, erosi\u00f3n, etc.) cuyo rastro hab\u00eda quedado registrado en las rocas. La evoluci\u00f3n de los seres vivos propuesta por Darwin tambi\u00e9n requer\u00eda periodos de tiempo m\u00e1s prolongados.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia opuso una f\u00e9rrea resistencia a los her\u00e9ticos avances cient\u00edficos que dejaban descolocados a los textos b\u00edblicos y a mediados del siglo XIX, haciendo uso del poder medi\u00e1tico del que dispon\u00eda, fueron apareciendo multitud de ensayos dirigidos a demostrar cient\u00edficamente la validez de sus dogmas. As\u00ed, por ejemplo, pueden citarse, entre muchos otros <em>La Cosmogon\u00eda de Mois\u00e9s comparada con los hechos geol\u00f3gicos<\/em>, de Marcel de Serres, o <em>La Teor\u00eda b\u00edblica de la cosmogon\u00eda y de la geolog\u00eda<\/em>, de P. J. C. De Breyne (Figura 1). La lectura de estos textos (donde se intentan demostrar hasta los m\u00e1s peque\u00f1os detalles de las descripciones b\u00edblicas, buscando explicaciones inveros\u00edmiles para fen\u00f3menos como la separaci\u00f3n de las aguas del Mar Rojo que permiti\u00f3 el paso de Mois\u00e9s en su huida de Egipto) resulta curios\u00edsima, y pone de manifiesto los esfuerzos desesperados por defender posturas cient\u00edficamente insostenibles.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large\"><a href=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"668\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-1-668x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-13342\" srcset=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-1-668x1024.jpg 668w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-1-196x300.jpg 196w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-1-768x1177.jpg 768w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-1-1003x1536.jpg 1003w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-1-696x1066.jpg 696w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-1-1068x1636.jpg 1068w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-1-274x420.jpg 274w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-1.jpg 1077w\" sizes=\"auto, (max-width: 668px) 100vw, 668px\" \/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Figura 1.- Portada de la obra \u201cLa Teor\u00eda b\u00edblica de la cosmogon\u00eda y de la geolog\u00eda\u201d, de P. J. C. De Breyne, traducida del franc\u00e9s y publicada en castellano en 1854.<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>El debate entre la geolog\u00eda y la Biblia continu\u00f3 hasta que la ciencia proporcion\u00f3 argumentos suficientes para descartar definitivamente la cronolog\u00eda b\u00edblica sobre el origen de nuestro planeta. A finales del siglo XIX, el cient\u00edfico m\u00e1s prestigioso de aquel momento, Lord Kelvin, estableci\u00f3 que la Tierra ten\u00eda la escandalosa cifra de 400 millones de a\u00f1os de antig\u00fcedad, aunque luego fue rebajando sus c\u00e1lculos hasta dejarla en 24 millones de a\u00f1os, los conocimientos f\u00edsicos de la \u00e9poca no permit\u00edan explicar que un cuerpo del tama\u00f1o del Sol permaneciese incandescente durante tanto tiempo. Unas d\u00e9cadas m\u00e1s tarde, Arthur Holmes, uno de los precursores de la Deriva Continental y la Tect\u00f3nica de Placas<em>, <\/em>estir\u00f3 la edad de la Tierra hasta los 3.300 millones de a\u00f1os, que fue a\u00fan ampliada poco despu\u00e9s por Clair Patterson hasta los 4.550 millones de a\u00f1os, edad que, con m\u00ednimas variaciones, a\u00fan es considerada como v\u00e1lida en la actualidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Afortunadamente, esas batallas quedaron atr\u00e1s y actualmente, el progreso de la Ciencia no necesita vencer barreras ideol\u00f3gicas, sino simplemente demostrar la validez de sus hip\u00f3tesis. Sin embargo, curiosamente, en torno a una tem\u00e1tica de absoluta actualidad que preocupa a todo el mundo, el calentamiento globa y el cambio clim\u00e1tico por \u00e9l inducido, se ha instalado un debate cient\u00edfico distorsionado que recuerda mucho al que tuvo lugar a mediados del siglo XIX en relaci\u00f3n con la edad de la Tierra. En efecto, la interpretaci\u00f3n sobre el origen antr\u00f3pico del calentamiento global parece ser considerado por algunos estamentos pol\u00edticos, sociales y cient\u00edficos como un dogma inamovible que no se puede rebatir, y al que se quiere proteger a toda costa ante la opini\u00f3n p\u00fablica bajo el manto de una supuesta unanimidad cient\u00edfica que est\u00e1 muy lejos de ser cierta.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace algunos siglos, un m\u00e9todo muy eficiente para inhibir las ideas indeseables era la excomuni\u00f3n, por las consecuencias sociales y econ\u00f3micas que implicaban para el condenado, si es que el castigo no llegaba m\u00e1s lejos, a morir en la hoguera como le ocurri\u00f3 a Giordano Bruno, a Miguel Servet y estuvo a punto de pasarle a Galileo. Los tiempos han cambiado y afortunadamente, al menos en los pa\u00edses de nuestro entorno, nadie se juega la vida por defender sus ideas, pero hay otros m\u00e9todos, no por menos agresivos menos eficaces, de evitar que se socaven los dogmas. El primero de todos es filtrar la informaci\u00f3n en los medios de comunicaci\u00f3n de forma que s\u00f3lo una parte de la realidad llegue al gran p\u00fablico. El segundo es incentivar selectivamente las investigaciones dirigidas a confirmar la verdad inamovible, y el tercero es desprestigiar a los disidentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas tres metodolog\u00edas han sido aplicadas durante las \u00faltimas d\u00e9cadas al calentamiento global. Las informaciones que aparecen sistem\u00e1ticamente en los medios de comunicaci\u00f3n de gran difusi\u00f3n, los que generan opini\u00f3n p\u00fablica, son monol\u00edticas, nunca informan del debate que realmente existe al respecto entre los cient\u00edficos. Tambi\u00e9n, existe una financiaci\u00f3n preferente hacia los proyectos que se planteen demostrar el origen antr\u00f3pico del cambio clim\u00e1tico y sus catastr\u00f3ficas consecuencias. Y por \u00faltimo, a los investigadores que disienten del dogma clim\u00e1tico, adem\u00e1s de calificarles despectivamente como negacionistas, se les dificulta la difusi\u00f3n de sus investigaciones intentando someterles a una especie de ostracismo, intentando evitar la publicaci\u00f3n de sus ideas en las revistas de m\u00e1xima difusi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta situaci\u00f3n ha obligado a muchos profesionales y cient\u00edficos a formularse preguntas cuyas respuestas no son accesibles si se atiende tan s\u00f3lo a las informaciones disponibles en la prensa, la radio y la televisi\u00f3n. \u00bfEs el hombre el responsable del calentamiento que est\u00e1 experimentando el planeta? \u00bfTiene el ser humano la capacidad de detener y revertir el calentamiento global? \u00bfExiste un consenso un\u00e1nime entre los cient\u00edficos sobre las causas de dicho calentamiento?<\/p>\n\n\n\n<p>Como es l\u00f3gico, cada colectivo cient\u00edfico, seg\u00fan su formaci\u00f3n t\u00e9cnica y la visi\u00f3n de la naturaleza que le proporcionan sus conocimientos, tiende a elaborar hip\u00f3tesis e interpretaciones basadas en los par\u00e1metros espec\u00edficos de su especialidad. En la tem\u00e1tica del cambio clim\u00e1tico, las investigaciones y las publicaciones est\u00e1n cuantitativamente dominadas por una mayor\u00eda abrumadora integrada por meteor\u00f3logos, climat\u00f3logos, ocean\u00f3grafos y f\u00edsicos de la atm\u00f3sfera, que durante los \u00faltimos a\u00f1os han realizado un formidable esfuerzo por entender y parametrizar lo que est\u00e1 ocurriendo con la temperatura de la Tierra. Sin embargo, una gran mayor\u00eda de esas investigaciones y las interpretaciones que de ella se derivan tienen un fallo sistem\u00e1tico en su enfoque, ya que est\u00e1n centradas en un periodo reciente de la historia de la Tierra, insuficiente para que pueda ser considerado representativo, ya que ignoran lo ocurrido en el pasado geol\u00f3gico anterior a los \u00faltimos milenios.<\/p>\n\n\n\n<p>Para muchos ge\u00f3logos, interpretar la situaci\u00f3n clim\u00e1tica actual a partir de un intervalo de tiempo tan corto, haciendo caso omiso de la historia del Planeta, es como si se pretendiese analizar e interpretar lo que est\u00e1 ocurriendo con la Humanidad en estos mismos momentos, considerando s\u00f3lo lo que aparece en los peri\u00f3dicos de los \u00faltimos d\u00edas e ignorando toda la informaci\u00f3n almacenada en las bibliotecas sobre la historia desde los or\u00edgenes del hombre. Si se consultase adecuadamente esa biblioteca, si se tuviese en cuenta la informaci\u00f3n registrada en el hielo, en los sedimentos y en las rocas, se podr\u00eda entender mejor la realidad que estamos presenciando. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto, los objetivos que se pretenden con este art\u00edculo y su continuaci\u00f3n, consisten en presentar, a la luz de los conocimientos hoy disponibles sobre la historia de nuestro planeta, explicaciones alternativas a las com\u00fanmente admitidas sobre los fen\u00f3menos, los procesos y los par\u00e1metros que controlan el calentamiento global.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">LOS CONTROLES A LARGO PLAZO EN LA EVOLUCI\u00d3N CLIM\u00c1TICA DE LA TIERRA <\/h2>\n\n\n\n<p>La Figura 2, basada en Pedraza (1996), muestra la evoluci\u00f3n estimativa de la temperatura media del planeta a lo largo del tiempo, aunque no desde la formaci\u00f3n de su primera corteza s\u00f3lida, sino desde el momento en que los restos f\u00f3siles nos proporcionan informaci\u00f3n sobre la climatolog\u00eda reinante durante su dep\u00f3sito. En la gr\u00e1fica, la l\u00ednea negra horizontal representa la temperatura actual y la l\u00ednea en zigzag la variaci\u00f3n de la temperatura a lo largo del tiempo. Un simple vistazo a esa gr\u00e1fica permite afirmar que durante los \u00faltimos 2.800 millones de a\u00f1os la temperatura de la Tierra ha sufrido variaciones constantes, alcanzando valores mucho m\u00e1s extremos, m\u00e1s fr\u00edos y m\u00e1s c\u00e1lidos, que los actuales. Ante esta evidencia, es inevitable plantearse que, si verdaderamente queremos comprender lo que est\u00e1 ocurriendo ahora con el clima, es imprescindible conocer cu\u00e1les han sido los par\u00e1metros que han controlado la evoluci\u00f3n reflejada en la Figura 2, y cu\u00e1l puede ser su influencia en calentamiento actual.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"973\" height=\"636\" src=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-13343\" srcset=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-2.jpg 973w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-2-300x196.jpg 300w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-2-768x502.jpg 768w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-2-696x455.jpg 696w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-2-643x420.jpg 643w\" sizes=\"auto, (max-width: 973px) 100vw, 973px\" \/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Figura 2.- Evoluci\u00f3n estimativa de la temperatura media del planeta a lo largo del tiempo, a partir del momento en que los restos f\u00f3siles proporcionan informaci\u00f3n sobre condiciones atmosf\u00e9ricas. <\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Como es bien sabido, el factor fundamental del que depende la temperatura de nuestro planeta es la radiaci\u00f3n que llega del exterior, la luz del Sol, y cualquier modificaci\u00f3n en la iluminaci\u00f3n que alcanza la superficie terrestre, afectar\u00e1 sensiblemente a dicha temperatura. Uno de los fen\u00f3menos que puede ocasionar esas consecuencias son las erupciones volc\u00e1nicas, ya que adem\u00e1s de los efectos a corto y medio plazo de las cenizas volc\u00e1nicas, que dificultan la irradiaci\u00f3n solar mientras est\u00e1n en suspensi\u00f3n, los volcanes expulsan gases y vapores de diferente composici\u00f3n, entre los cuales se encuentra el di\u00f3xido de azufre (SO<sub>2<\/sub>). Este gas, al llegar a la estratosfera, reacciona con el vapor de agua y forma peque\u00f1as gotas de \u00e1cido sulf\u00farico, gener\u00e1ndose una capa de aerosol de esta sustancia a una altura, situada entre 15 y 20 kil\u00f3metros de altura, impidiendo que una parte de la radiaci\u00f3n solar llegue a la superficie terrestre, constituyendo as\u00ed una especie de parasol responsable de un ligero enfriamiento. En los a\u00f1os siguientes a las erupciones de gran envergadura, como la de Tambora en 1815, Krakatoa en 1883, Agung en 1963 la de Pinatubo (Filipinas) en 1991, puede detectarse una ligera disminuci\u00f3n de las temperaturas (Cano S\u00e1nchez, 1994). Algo similar debe estar ocurriendo como consecuencia de la reciente erupci\u00f3n del archipi\u00e9lago de Tonga (2022).<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos ge\u00f3logos creen que durante algunos periodos de la historia del planeta, cuando hubo una actividad volc\u00e1nica excepcionalmente activa (como por ejemplo, durante la transici\u00f3n del P\u00e9rmico al Tri\u00e1sico, hace aproximadamente 250 millones de a\u00f1os), o en el Mesozoico (meseta del Dec\u00e1n en la India o en la Columbia Brit\u00e1nica) hace unos 100 millones de a\u00f1os, se produjo un aumento considerable de CO<sub>2<\/sub> y SO<sub>2<\/sub> en la atm\u00f3sfera que, adem\u00e1s de tener consecuencias clim\u00e1ticas, trajo consigo tambi\u00e9n la extinci\u00f3n de muchas especies. Pero sin descartar esa posibilidad y sin dudar de la evidente influencia a corto y medio plazo de los fen\u00f3menos volc\u00e1nicos puntuales, esos procesos, por s\u00ed mismos, no permiten explicar satisfactoriamente la evoluci\u00f3n clim\u00e1tica a lo largo de ciclos de millones de a\u00f1o, y por lo tanto, hace falta alguna otra explicaci\u00f3n satisfactoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Volviendo atr\u00e1s y recordando de nuevo que la fuente de energ\u00eda fundamental que controla la temperatura de la superficie terrestre es la radiaci\u00f3n solar, hemos de fijar nuestra atenci\u00f3n en los par\u00e1metros que puedan dificultar o favorecer la llegada de dicha radiaci\u00f3n. . Es bien conocido que la energ\u00eda que el Sol nos env\u00eda no es constante, cambia a lo largo del tiempo, y sus variaciones est\u00e1n relacionadas con una caracter\u00edstica que intrig\u00f3 a los aficionados a observar el cielo desde los inicios de la ciencia: las manchas solares. A finales del siglo XIX, el astr\u00f3nomo ingl\u00e9s Maunder, estudiando observaciones astron\u00f3micas antiguas, estableci\u00f3 que hubo, entre 1645 y 1715, un periodo sin manchas solares, que se correspondi\u00f3 con una etapa muy fr\u00eda, denominada la <em>Peque\u00f1a Edad de Hielo<\/em>.&nbsp; Ya en el siglo XXI, cient\u00edficos del Danish National Space Center, retrocedieron un poco m\u00e1s en el tiempo y analizaron sistem\u00e1ticamente las observaciones realizadas sobre las manchas solares durante los \u00faltimos cuatro siglos y medio, detectando la existencia de una estrecha correlaci\u00f3n (ver Figura 3, basada en Svensmark &amp; Christensen, 1997) entre la temperatura y el <em>\u00edndice de actividad solar<\/em>, un par\u00e1metro num\u00e9rico basado en el recuento de manchas solares observadas en un momento dado.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"868\" height=\"451\" src=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-3.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-13344\" srcset=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-3.jpg 868w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-3-300x156.jpg 300w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-3-768x399.jpg 768w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-3-696x362.jpg 696w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-3-808x420.jpg 808w\" sizes=\"auto, (max-width: 868px) 100vw, 868px\" \/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Figura 3.- Gr\u00e1fica representativa de la evoluci\u00f3n comparada entre la temperatura (l\u00ednea roja) y la actividad solar (l\u00ednea negra) durante los \u00faltimos cinco siglos. <\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Hoy sabemos que las manchas solares se corresponden con zonas donde tiene lugar una intensa actividad magn\u00e9tica, desde donde se lanzan intensas r\u00e1fagas&nbsp;de&nbsp;radiaci\u00f3n, por lo que a mayor cantidad de manchas solares, m\u00e1s radiaci\u00f3n y temperaturas m\u00e1s elevadas, justificando as\u00ed la correlaci\u00f3n de la Figura 3. M\u00faltiples observaciones posteriores, realizadas en distintos lugares del planeta, han permitido comprobar esta sencilla explicaci\u00f3n, como por ejemplo las efectuadas en la Ant\u00e1rtida, tal y como se representan en la Figura 4, basada en datos del Harvard Smithsonian Center for Astrophisics (Soon, 2004, en Durkin, 2007), donde igualmente se observa una estrecha correlaci\u00f3n entre la evoluci\u00f3n de la temperatura (l\u00ednea roja) y la radiaci\u00f3n solar (l\u00ednea negra).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-4-.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"461\" height=\"511\" src=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-4-.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-13345\" srcset=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-4-.jpg 461w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-4--271x300.jpg 271w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-4--379x420.jpg 379w\" sizes=\"auto, (max-width: 461px) 100vw, 461px\" \/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Figura 4.- Gr\u00e1fica representativa de la evoluci\u00f3n comparada entre la temperatura (l\u00ednea roja) y la radiaci\u00f3n solar (l\u00ednea negra).<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Pero adem\u00e1s de las emanaciones volc\u00e1nicas y de las manchas solares, existe otro fen\u00f3meno, com\u00fan y cotidiano, que dificulta de manera muy efectiva la llegada de la radiaci\u00f3n solar: las nubes. Todos hemos experimentado alguna vez una sensaci\u00f3n de ligero enfriamiento cuando, en un d\u00eda soleado, se interpone una nube en la trayectoria de los rayos solares. Evidentemente, se trata de una situaci\u00f3n ef\u00edmera, de muy corta duraci\u00f3n, que afecta a una peque\u00f1\u00edsima porci\u00f3n de la superficie terrestre y por lo tanto, de efectos insignificantes. Pero, \u00bfqu\u00e9 ocurrir\u00eda si existiese un proceso que, por su naturaleza, afectase de forma continua y sistem\u00e1tica a la cantidad de nubes que cubren el conjunto del planeta?<\/p>\n\n\n\n<p>El mecanismo de formaci\u00f3n de las nubes es elemental y bien conocido desde antiguo. Cuando el aire caliente <strong>se eleva hasta <\/strong>que llega a su punto de roc\u00edo, se condensa el vapor de agua en forma de gotas muy peque\u00f1as o en cristales de hielo. La formaci\u00f3n de nubes se ve tambi\u00e9n favorecida por la presencia de part\u00edculas en suspensi\u00f3n (como polvo o incluso sal), que act\u00faan como n\u00facleos para favorecer la condensaci\u00f3n. Pero adem\u00e1s, ese proceso puede verse estimulado por otro fen\u00f3meno adicional, por otro tipo de radiaci\u00f3n diferente a la proveniente del Sol. Desde principio del Siglo XX se sabe que nuestro planeta est\u00e1 siendo constantemente bombardeado por part\u00edculas subat\u00f3micas, la <em>radiaci\u00f3n c\u00f3smica<\/em>, as\u00ed bautizada atendiendo a su origen en el espacio exterior. Esa radiaci\u00f3n ioniza las part\u00edculas en suspensi\u00f3n en la atm\u00f3sfera, proporcionando un est\u00edmulo complementario para favorecer la nucleaci\u00f3n y la formaci\u00f3n de nubes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el flujo de radiaci\u00f3n c\u00f3smica no es constante a lo largo del tiempo, ya que los rayos solares, el denominado viento solar, interfiere con ella, dificultando su entrada en la atm\u00f3sfera terrestre. Como sabemos, la intensidad del viento solar no es constante y aumenta con el n\u00famero de manchas solares. &nbsp;Es decir, que cuanto m\u00e1s activo sea el sol, menos radiaci\u00f3n c\u00f3smica llegar\u00e1 a la tierra. Y con menor radiaci\u00f3n c\u00f3smica, la formaci\u00f3n de nubes ser\u00e1 menor, aumentando la insolaci\u00f3n, lo que producir\u00e1 un aumento de temperatura.<\/p>\n\n\n\n<p>El estudio sistem\u00e1tico de la composici\u00f3n de los meteoritos, que como objetos procedentes del espacio exterior han sufrido el bombardeo de la radiaci\u00f3n c\u00f3smica, ha permitido obtener informaci\u00f3n correspondiente a las variaciones de radiaci\u00f3n durante los \u00faltimos 500 millones de a\u00f1os. En paralelo, el an\u00e1lisis sistem\u00e1tico en los caparazones y conchas f\u00f3siles del is\u00f3topo O<sub>18<\/sub> (cuya abundancia relativa es proporcional a la temperatura), ha permitido reconstruir la evoluci\u00f3n de la temperatura durante ese mismo periodo.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-5.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"811\" height=\"490\" src=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-5.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-13346\" srcset=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-5.jpg 811w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-5-300x181.jpg 300w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-5-768x464.jpg 768w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-5-696x421.jpg 696w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-5-695x420.jpg 695w\" sizes=\"auto, (max-width: 811px) 100vw, 811px\" \/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Figura 5.- Gr\u00e1fica representativa de la evoluci\u00f3n comparada entre la temperatura (l\u00ednea roja) y la radiaci\u00f3n c\u00f3smica durante los \u00faltimos 500 millones de a\u00f1os.<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Los datos obtenidos para ambos par\u00e1metros durante los \u00faltimos 500 millones de a\u00f1os, se han representado conjuntamente en la Figura 5 (basada en Shaviv y Veizer, 2003), donde la l\u00ednea roja representa la evoluci\u00f3n de la temperatura y la radiaci\u00f3n c\u00f3smica aparece representada por la l\u00ednea negra, mostrando claramente el car\u00e1cter antit\u00e9tico de ambos par\u00e1metros. Las temperaturas tienden a ascender cuando disminuye la intensidad de la radiaci\u00f3n c\u00f3smica, es decir, al debilitarse el proceso que favorece la formaci\u00f3n de nubes. Pero adem\u00e1s de los descritos anteriormente, a\u00fan existen otros procesos que afectan a la cantidad de radiaci\u00f3n solar que llega a la superficie de la Tierra: las variaciones en la \u00f3rbita terrestre. El astrof\u00edsico Milutin Milankovitch, durante el primer tercio del siglo XX, bas\u00e1ndose en ideas previamente establecidas por James Croll (1868), calcul\u00f3 el ritmo y la periodicidad de las alteraciones que sufr\u00eda el planeta (forma de la \u00f3rbita y a la posici\u00f3n del eje de rotaci\u00f3n) al girar alrededor del Sol, que afectaban tambi\u00e9n a la radiaci\u00f3n solar que llegaban hasta la Tierra, y por lo tanto, al clima. En 1920 public\u00f3 un trabajo titulado <em>Teor\u00eda matem\u00e1tica de los fen\u00f3menos t\u00e9rmicos producidos por la radiaci\u00f3n solar, <\/em>d\u00f3nde se inclu\u00eda unas gr\u00e1ficas que, d\u00e9cadas m\u00e1s tarde, se har\u00eda muy famosa, la<em> curva de insolaci\u00f3n sobre la superficie terrestre <\/em>(Figura 6).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-6.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"835\" height=\"350\" src=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-6.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-13347\" srcset=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-6.jpg 835w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-6-300x126.jpg 300w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-6-768x322.jpg 768w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-6-696x292.jpg 696w\" sizes=\"auto, (max-width: 835px) 100vw, 835px\" \/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Figura 6.- Curva de insolaci\u00f3n sobre la superficie terrestre, publicada por Milankovitch en 1920. Fuente: <a href=\"https:\/\/www.astrosafor.net\/Huygens\/2003\/41\/Glaciaciones.htm\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">https:\/\/www.astrosafor.net\/Huygens\/2003\/41\/Glaciaciones.htm<\/a><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>En la Figura 6, la curva ondulada representa la variaci\u00f3n de la temperatura media de la Tierra a partir del momento actual, se\u00f1alado como una l\u00ednea vertical en el centro del gr\u00e1fico, <em>el a\u00f1o cero<\/em>. Hacia la izquierda, la curva representa la variaci\u00f3n de la temperatura que ya ha ocurrido, la del tiempo ya transcurrido, mientras que la continuaci\u00f3n hacia la derecha representa la evoluci\u00f3n prevista hacia el futuro. La escala horizontal en la parte superior de la figura corresponde al tiempo, en intervalos de 10.000 a\u00f1os. En la escala vertical se representa el porcentaje de variaci\u00f3n de la temperatura media terrestre, con aumentos o disminuciones que oscilan en torno al 3% respecto del valor medio de las oscilaciones registradas.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de la indudable importancia de los resultados obtenidos por Milankovitch, estos cayeron pronto en el olvido, hasta que fueron resucitados por las investigaciones realizadas mediante sondeos en el casquete glaciar de Groenlandia, donde el hielo acumulado y estratificado en peque\u00f1as capas, cada una de ellas correspondiente a la precipitaci\u00f3n de un a\u00f1o, alcanza varios miles de metros de espesor (Figura 7, obtenida de NSF, Ice Core Facility, Doug Clark, University of Washington).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-7.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"768\" height=\"508\" src=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-7.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-13348\" srcset=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-7.jpg 768w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-7-300x198.jpg 300w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-7-696x460.jpg 696w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-7-635x420.jpg 635w\" sizes=\"auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Figura 7.- Sondeos en el casquete glaciar de Groenlandia. <\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>La tecnolog\u00eda actual permite extraer y analizar el aire ocluido entre los cristales de hielo, y su estudio sistem\u00e1tico ha permitido obtener una valios\u00edsima informaci\u00f3n sobre la evoluci\u00f3n en la composici\u00f3n de la atm\u00f3sfera terrestre en tiempos pasados. De estos an\u00e1lisis, resultan especialmente interesantes los resultados del contenido en el aire del O<sub>18<\/sub>, is\u00f3topo al que ya se ha hecho referencia anteriormente, que han permitido establecer con precisi\u00f3n la evoluci\u00f3n t\u00e9rmica del planeta para los \u00faltimos 800.000 a\u00f1os, tal y como se representa en la Figura 8 (Jouzel et al., 2007).&nbsp;<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large\"><a href=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-8.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"570\" src=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-8-1024x570.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-13349\" srcset=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-8-1024x570.jpg 1024w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-8-300x167.jpg 300w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-8-768x428.jpg 768w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-8-696x388.jpg 696w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-8-1068x595.jpg 1068w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-8-754x420.jpg 754w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-8.jpg 1268w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Figura 8.- Evoluci\u00f3n de la temperatura del planeta durante los \u00faltimos 800.000 a\u00f1os, obtenida a partir de los sondeos en el hielo del casquete glaciar de Groenlandia. <\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>La gr\u00e1fica de la Figura 8 muestra c\u00f3mo las variaciones de temperatura se ajustan a un ritmo c\u00edclico cuya duraci\u00f3n tiende a situarse en torno a los 100.000 a\u00f1os. La coincidencia de estos ciclos con las predicciones de Milankovitch es muy fuerte, como se puede apreciar con mayor detalle en la Figura 9, donde, utilizando la misma informaci\u00f3n de las figuras 6 y 8, se han representado conjuntamente los resultados correspondientes a los \u00faltimos 150.000 a\u00f1os obtenidos en los sondeos de Groenlandia (l\u00ednea negra) y las predicciones de&nbsp;&nbsp; Milankovitch (l\u00ednea roja). El paralelismo entre ambas l\u00edneas es muy significativo, con una disposici\u00f3n muy similar de los m\u00e1ximos y los m\u00ednimos, as\u00ed como de los periodos de ascenso y descenso.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-9.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"832\" height=\"463\" src=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-9.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-13350\" srcset=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-9.jpg 832w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-9-300x167.jpg 300w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-9-768x427.jpg 768w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-9-696x387.jpg 696w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Figura-9-755x420.jpg 755w\" sizes=\"auto, (max-width: 832px) 100vw, 832px\" \/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Figura 9.- Comparaci\u00f3n entre la evoluci\u00f3n durante los \u00faltimos 150.000 a\u00f1os de la temperatura prevista por Milankovitch  (l\u00ednea roja) y la obtenida mediante los sondeos de hielo en Groenlandia (l\u00ednea negra).<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>En un primer momento, algunos cient\u00edficos fueron reacios a aceptar la representatividad de los resultados obtenidos, argumentando que deb\u00eda tratarse de efectos locales, v\u00e1lidos tan s\u00f3lo para Groenlandia y no extrapolables a la evoluci\u00f3n clim\u00e1tica del conjunto del planeta. Sin embargo, investigaciones similares realizadas posteriormente en otros lugares, donde tambi\u00e9n existen importantes acumulaciones de hielo (como por ejemplo en la Ant\u00e1rtida), han confirmado que las tendencias detectadas corresponden a un fen\u00f3meno global, detectable en ambos hemisferios (Pedro et al., 2018).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">RESPUESTAS A LAS PREGUNTAS<\/h2>\n\n\n\n<p>Tomando como base las informaciones anteriormente expuestas, es posible ya encontrar algunas repuestas para las preguntas formuladas en la introducci\u00f3n de este art\u00edculo. En primer lugar, \u00bfes el hombre responsable del calentamiento que est\u00e1 experimentando el planeta? Los datos presentados indican que no, que el cambio clim\u00e1tico no se ha desencadenado como consecuencia de las actividades antr\u00f3picas y se trata de un proceso c\u00edclico que viene repiti\u00e9ndose desde tiempos muy remotos, desde much\u00edsimo antes de que la Humanidad hiciese acto de presencia. Los ritmos de variaci\u00f3n de la temperatura parecen ser constantes o aleatorios seg\u00fan la escala de observaci\u00f3n elegida. Si atendemos al conjunto de la historia del planeta (Figura 1), no se aprecia ninguna secuencia r\u00edtmica. En cambio, si atendemos a lo que ha ocurrido durante los \u00faltimos 800.000 a\u00f1os y de acuerdo con las previsiones de Milankovitch, se trata de un proceso claramente c\u00edclico.<\/p>\n\n\n\n<p>Puede concluirse entonces que las causas de los sucesivos cambios clim\u00e1ticos que nuestro planeta viene experimentando desde sus remotos or\u00edgenes, no tiene un origen simple, y que la interacci\u00f3n entre todos ellos configura un complejo proceso, al cual, evidentemente, pueden estar contribuyendo las actividades humanas, que se superpondr\u00edan a la tendencia natural y por lo tanto representar\u00edan s\u00f3lo una parte del proceso total del calentamiento. Determinar cu\u00e1l es el porcentaje de esa contribuci\u00f3n (es decir, saber si es importante o insignificante), constituye realmente el quid de la cuesti\u00f3n, el verdadero nudo gordiano, la cuesti\u00f3n clave en el debate sobre el calentamiento global y el cambio clim\u00e1tico: \u00bfcu\u00e1l es la importancia relativa de las emisiones producidas por el Hombre en comparaci\u00f3n con los factores naturales? Podemos dejar de momento aparcada esta crucial cuesti\u00f3n, a la que se dedicar\u00e1 la segunda parte de este art\u00edculo. Mientras tanto, la informaci\u00f3n expuesta permite ya reformular la segunda de las preguntas pendientes: \u00bftiene el ser humano la capacidad de detener y revertir el calentamiento global?<\/p>\n\n\n\n<p>Durante millones de a\u00f1os, el cambio clim\u00e1tico ha estado controlado por los fen\u00f3menos naturales anteriormente descritos: las erupciones volc\u00e1nicas, las manchas solares, la radiaci\u00f3n c\u00f3smica y las variaciones orbitales. Sea cual sea la contribuci\u00f3n humana al cambio clim\u00e1tico, las acciones que se emprendan para intentar corregir sus impactos, tendr\u00edan s\u00f3lo un efecto parcial. Porque, hagamos lo que hagamos, los volcanes seguir\u00e1n en actividad, la superficie del Sol continuar\u00e1 desarrollando manchas y variando la intensidad del calor que nos env\u00eda, la radiaci\u00f3n c\u00f3smica seguir\u00e1 llegando a la Tierra y la \u00f3rbita de nuestro planeta seguir\u00e1 variando, obedeciendo los dictados de la mec\u00e1nica celeste.<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, que por mucho que nos empe\u00f1emos, ser\u00e1 totalmente imposible detener, y mucho menos revertir, el actual ciclo de calentamiento (el \u00faltimo de una larga serie), que se inici\u00f3 hace algo m\u00e1s de 18.000 a\u00f1os (ver figuras 8 y 9). Como mucho, suponiendo que nuestras actividades est\u00e1n modificando el clima de forma significativa, a lo m\u00e1ximo que podr\u00edamos aspirar es a devolver el proceso de calentamiento a su ritmo natural, esperando a que llegue el momento en que las leyes de la naturaleza decidan que el planeta debe volver a enfriarse. Sin embargo, a pesar de que los mecanismos naturales que han controlado el cambio clim\u00e1tico de nuestro planeta son bien conocidos desde hace tiempo, de acuerdo con las observaciones, mediciones y datos contrastados obtenidos por cientos o miles de investigadores de todo el mundo, en la conciencia colectiva de la Humanidad se ha instalado el convencimiento de todo lo contrario.<\/p>\n\n\n\n<p>Actualmente, un elevado porcentaje de la poblaci\u00f3n cree que las actividades antr\u00f3picas son las \u00fanicas responsables del cambio clim\u00e1tico y que la Humanidad tiene la capacidad de detener y revertir el proceso de calentamiento global. Adem\u00e1s, esa creencia viene acompa\u00f1ada de una fuerte sensaci\u00f3n de pesimismo, de miedo sobre el futuro del planeta, con el convencimiento incluso de que ya es demasiado tarde para reaccionar y el mundo se dirige hacia un catastr\u00f3fico final. No parece descabellado afirmar que hay algo que no se ha hecho bien cuando a la opini\u00f3n p\u00fablica s\u00f3lo se le ha transmitido una parte sesgada de los conocimientos cient\u00edficos disponibles, con el agravante de que dicha informaci\u00f3n se presenta como el punto de vista un\u00e1nime de todo el mundo de la ciencia. Lo cual nos lleva ya a intentar responder la \u00faltima de las tres preguntas que se formulaban en la introducci\u00f3n de este art\u00edculo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00bfEXISTE UN CONSENSO UN\u00c1NIME ENTRE LOS CIENT\u00cdFICOS SOBRE LAS CAUSAS DEL CALENTAMIENTO GLOBAL?<\/h2>\n\n\n\n<p>A juzgar por las informaciones que aparecen en los medios de comunicaci\u00f3n sobre el calentamiento global, podr\u00eda considerarse que el debate sobre el origen y la din\u00e1mica del cambio clim\u00e1tico ya est\u00e1 cerrado, no queda m\u00e1s que hablar porque los cient\u00edficos han alcanzado un consenso, todos los investigadores est\u00e1n de acuerdo (as\u00ed lo sugiere la abrumadora mayor\u00eda de publicaciones e informes) en que el planeta se halla ante una grave emergencia y nosotros tenemos la culpa de su r\u00e1pido calentamiento. Como ejemplo, puede citarse una reciente noticia, publicada por diversos peri\u00f3dicos del mundo, &nbsp;informando que se ha realizado una revisi\u00f3n de 88.125 estudios publicados entre 2012 y 2020 en revistas cient\u00edficas, y que el 99,9% de los art\u00edculos coinciden en que el cambio clim\u00e1tico est\u00e1 causado por actividades humanas.<\/p>\n\n\n\n<p>La impresi\u00f3n de unanimidad que se ha implantado en la conciencia colectiva por abrumadora mayor\u00eda, se ve reforzada por los informes que peri\u00f3dicamente emite el IPCC (<em>International Panel on Climatic Change<\/em>), un grupo de estudio integrado por numeros\u00edsimos cient\u00edficos de todo el mundo, promovido y financiado por la ONU. El nivel global de dicha instituci\u00f3n, juntamente con el prestigio de los cient\u00edficos que lo integran, hace que las conclusiones de sus informes tiendan a ser consideradas como verdades inamovibles, como aut\u00e9nticos dogmas (la validez y la representatividad de dichas conclusiones ser\u00e1n analizadas en la segunda parte de este art\u00edculo), aunque en realidad han existido y existen serias discrepancias sobre las conclusiones reflejadas en los informes del IPCC. El contenido de esas divergencias suele airearse muy poco en los medios de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1996, al inicio de la andadura de ese comit\u00e9 de expertos, un prestigioso cient\u00edfico norteamericano (el profesor Federick Seitz, que lleg\u00f3 a ser presidente de la Academia Americana de Ciencias), public\u00f3 en el <em>Wall Street Journal<\/em> una carta denunciando que el primer informe del IPCC hab\u00eda sido manipulado a espaldas de sus autores, ya que algunos puntos importantes de las conclusiones hab\u00edan sido suprimidos. La omisi\u00f3n m\u00e1s significativa, se refer\u00eda a la falta de correlaci\u00f3n entre el cambio clim\u00e1tico y los gases de efecto invernadero, estableciendo que no pod\u00eda atribuirse el calentamiento observado a las actividades humanas. El comit\u00e9 coordinador del IPCC se vio obligado a reconocer p\u00fablicamente que, en efecto, se hab\u00edan suprimido esas conclusiones atendiendo a los comentarios recibidos de algunos gobiernos, algunas ONGs y otros cient\u00edficos.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n fue muy sonado el esc\u00e1ndalo que estall\u00f3 en 2009, cuando un pirata inform\u00e1tico filtr\u00f3 a la prensa una serie de correos electr\u00f3nicos entre miembros del IPCC, donde quedaba en evidencia la manipulaci\u00f3n de datos, la destrucci\u00f3n de pruebas y la realizaci\u00f3n de fuertes presiones para acallar a los cient\u00edficos esc\u00e9pticos. Esas informaciones llegaron a las p\u00e1ginas de los peri\u00f3dicos (en las televisiones tuvieron un impacto mucho menor) y permanecieron en ellas unos d\u00edas, pero poco a poco fueron cayendo en el olvido. Para aclarar lo ocurrido, se realizaron varias investigaciones oficiales, pero ninguna de ellas, a pesar de las profundas dudas generadas, encontr\u00f3 evidencias de fraude o de mala praxis cient\u00edfica. &nbsp;Las monol\u00edticas y contundentes conclusiones de los informes posteriores emitidos por el IPCC, sugieren que todas las voces discrepantes han desaparecido.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, de forma aislada pero muy significativa, llegan de cuando en cuando a los medios de comunicaci\u00f3n (aunque nunca a los informativos televisivos ni a las primeras p\u00e1ginas de los peri\u00f3dicos) las voces disidentes de personalidades cient\u00edficas y medioambientalistas cuyo prestigio es, como m\u00ednimo, tan elevado como el de los integrantes del IPCC. Este es el caso, por ejemplo de Bjorn Lomborg, un profesor universitario de estad\u00edstica en Dinamarca, vinculado durante a\u00f1os a organizaciones ecologistas de primer nivel, quien ha denunciado (Lomborg 2003) que muchos grupos ecologistas exageran su discurso catastrofista para infundir miedo, simplemente como m\u00e9todo rentable para recaudar m\u00e1s fondos.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo similar puede decirse de Michael Shellenberger, un experto en energ\u00eda y activista medioambiental de primera fila durante d\u00e9cadas, que se opone igualmente al tremendismo catastrofista. En un libro de reciente publicaci\u00f3n (Shellenberger 2021) denuncia que no es cierto que miles de millones de personas vayan a morir en un futuro pr\u00f3ximo, que el peligro por sobrecalentamiento del planeta es cada vez m\u00e1s bajo y que el ambientalismo apocal\u00edptico est\u00e1 dirigido por poderosos intereses financieros. La misma opini\u00f3n tiene Steven Koonin (2021), un f\u00edsico te\u00f3rico que fue asesor del presidente Obama en los Estados Unidos, quien ha denunciado la falta de objetividad con que se enfoca el problema del cambio clim\u00e1tico, ya que no existen evidencias s\u00f3lidas para afirmar que el mundo afronta una emergencia clim\u00e1tica, a\u00f1adiendo que adem\u00e1s, las metas que se pretenden alcanzar para frenar el calentamiento, no son realistas. La misma opini\u00f3n tiene el famoso f\u00edsico italiano Antonino Zichichi,&nbsp;Presidente de la Sociedad Europea de F\u00edsica y de la Federaci\u00f3n Mundial de Cient\u00edficos, quien recientemente ha declarado que \u201c<em>el calentamiento global depende del motor meteorol\u00f3gico dominado por la potencia del Sol, que controla el 95 % del proceso del cambio clim\u00e1tico. Atribuir a las actividades humanas el calentamiento global, carece de fundamento cient\u00edfico\u201d<\/em>. Son tambi\u00e9n contundentes y expeditivas las opiniones de <a href=\"https:\/\/www.planetadelibros.com\/autor\/michael-shellenberger\/000054816\">Ivar<\/a> Giaever (2012), premio Nobel en F\u00edsica y ex &#8211; integrante del IPCC (de donde sali\u00f3 voluntariamente), <a href=\"https:\/\/www.planetadelibros.com\/autor\/michael-shellenberger\/000054816\"><\/a>&nbsp;quien adem\u00e1s de coincidir en sus ideas con los investigadores antes mencionados, ha denunciado p\u00fablicamente las presiones existentes para que no se publiquen en las revistas cient\u00edficas m\u00e1s importantes, aquellos art\u00edculos cuyo contenido contradiga las conclusiones del grupo cient\u00edfico financiado por la ONU.<\/p>\n\n\n\n<p>La lista de investigadores cr\u00edticos sobre los trabajos del IPCC ser\u00eda muy larga, ya que las voces disonantes no llegan tan s\u00f3lo desde personalidades individuales. En 2006, treinta y dos cient\u00edficos con prestigio internacional en el \u00e1mbito de la climatolog\u00eda, firmaron la <em>Declaraci\u00f3n de Hohenkammer<\/em>, asegurando que no hay bases cient\u00edficas para aseverar que el calentamiento global se deba a los llamados gases de efecto invernadero. En marzo de 2009, un centenar de cient\u00edficos norteamericanos publicaron en diversos peri\u00f3dicos (previo pago, ya que los medios se negaban a publicarlo) un art\u00edculo con un expresivo t\u00edtulo: <em>Con el debido respeto, se\u00f1or Presidente, eso no es cierto<\/em>, refiri\u00e9ndose a las tesis del IPCC sobre el cambio clim\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>En junio de ese mismo a\u00f1o, 60 cient\u00edficos alemanes publicaron una carta abierta a la canciller alemana \u00c1ngela Merkel, en la que se expresaban en el mismo sentido. Y en 2010, mil investigadores de diversos pa\u00edses y disciplinas cient\u00edficas, firmaron un manifiesto similar y lo presentaron en la Conferencia sobre el Clima de ese mismo a\u00f1o. M\u00e1s recientemente, en septiembre de 2019, la Fundaci\u00f3n de Inteligencia Clim\u00e1tica (CLINTEL), una entidad que agrupa a m\u00e1s de 500 cient\u00edficos de todo el mundo, envi\u00f3 al secretario General de la ONU un documento negando el papel del di\u00f3xido de carbono en el calentamiento global, afirmando que no existe emergencia clim\u00e1tica y por lo tanto, no hay motivo para el p\u00e1nico y la alarma.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, es imprescindible recordar por su rotundidad a Pascal Richet, investigador del <em>Institut de Physique du Globe<\/em> de Paris desde hace 35 a\u00f1os, quien ha recibido numerosos premios en su trayectoria cient\u00edfica, y que ha publicado recientemente un art\u00edculo con el ilustrativo t\u00edtulo de <em>Clima y CO<sub>2<\/sub> : la evidencia frente al dogma,<\/em> donde adem\u00e1s de incidir en la falta de relaciones causa \u2013 efecto entre los datos y las conclusiones que se est\u00e1n publicando sobre el cambio clim\u00e1tico, dice textualmente :<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;<em>Que los efectos del CO<sub>2<\/sub> sobre el clima son m\u00ednimos no es, ni mucho menos, una conclusi\u00f3n nueva, aunque los que ya lo han establecido sobre otras bases cient\u00edficas chocan con el pretendido \u201cconsenso\u201d sobre la cuesti\u00f3n. En realidad, esta noci\u00f3n de consenso no es pertinente aqu\u00ed, porque la historia de la ciencia no es m\u00e1s que un largo paseo por el cementerio donde descansan en paz las ideas aceptadas sin discusi\u00f3n durante mucho tiempo. M\u00e1s bien, sirve de justificaci\u00f3n para desterrar del debate cualquier idea heterodoxa que cuestione el dogma. Como ha experimentado el autor de estas l\u00edneas, el rasgo m\u00e1s inquietante del debate sobre el clima es el deseo de descalificar de entrada al adversario arrastr\u00e1ndolo a otros campos no relacionados con el problema, en lugar de ofrecerle comentarios cr\u00edticos a los que podr\u00eda responder cient\u00edficamente. Sorprendentemente, el libre debate en que se ha basado el progreso cient\u00edfico en la Historia ha sido sustituido por acciones propias del totalitarismo como la difamaci\u00f3n, el intento de silenciamiento y la persecuci\u00f3n del disidente bajo amenaza de ostracismo. Quiz\u00e1 Arist\u00f3teles, con su l\u00f3gica, pensar\u00eda que esta violencia y esta imposici\u00f3n son en s\u00ed mismas un indicio de en qu\u00e9 lado del debate se encuentra la verdad.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Recientemente, tambi\u00e9n autores espa\u00f1oles se han posicionado claramente en contra de las falsas informaciones sobre el cambio clim\u00e1tico. Este es el caso por ejemplo del ge\u00f3logo Alejando Robador Moreno (2015), con abundantes datos sobre los cambios clim\u00e1ticos acaecidos en el pasado, y de Hugo Rubio (2021), quien aporta detalladas informaciones contradiciendo las noticias que aparecen habitualmente en la prensa.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">CONCLUSIONES<\/h2>\n\n\n\n<p>Las informaciones clim\u00e1ticas registradas en las rocas, en los sedimentos, en los f\u00f3siles y en el hielo, permiten afirmar sin ning\u00fan g\u00e9nero de dudas que a lo largo de miles de millones de a\u00f1os de historia de nuestro planeta, se han registrado m\u00faltiples cambios clim\u00e1ticos, similares o incluso m\u00e1s extremos que el calentamiento actual, que por lo tanto no ha sido iniciado por las actividades humanas.<\/p>\n\n\n\n<p>La evoluci\u00f3n de la temperatura media del planeta est\u00e1 estrechamente relacionada con la variaci\u00f3n de la iluminaci\u00f3n solar que recibe, controlada fundamentalmente por la actividad volc\u00e1nica, la evoluci\u00f3n de las manchas solares, la radiaci\u00f3n c\u00f3smica y los cambios c\u00edclicos en la \u00f3rbita terrestre. Dichos procesos, espont\u00e1neos y naturales, est\u00e1n fuera del control antr\u00f3pico, tan activos en la actualidad como lo estaban hace millones de a\u00f1os, y por lo tanto, es imposible que el hombre sea capaz de detener y revertir el cambio clim\u00e1tico. Estas evidencias hacen que la opini\u00f3n de los cient\u00edficos sobre el origen y la causa del calentamiento global no sea un\u00e1nime y est\u00e9 muy lejos de existir un consenso al respecto. Sin embargo, mientras los medios de comunicaci\u00f3n otorgan los grandes titulares a las hip\u00f3tesis que atribuyen un origen antr\u00f3pico al cambio clim\u00e1tico, las informaciones cient\u00edficas que contradicen los informes del IPCC tienen un escaso o pr\u00e1cticamente nulo eco medi\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, el enfoque sesgado en la difusi\u00f3n de los datos sobre el calentamiento global no se restringe a los medios de comunicaci\u00f3n, porque se est\u00e1 educando a las nuevas generaciones con esa realidad distorsionada, presentando como verdades absolutas lo que no son m\u00e1s que meras hip\u00f3tesis, que est\u00e1n lejos de haber sido demostradas. En cualquiera de los libros de texto que se utilizan hoy en Ense\u00f1anza Primaria, se ense\u00f1a a las nuevas generaciones que la Tierra est\u00e1 sufriendo un calentamiento provocado por las actividades humanas, y que es necesario detenerlo para salvaguardar la salud del planeta. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La implantaci\u00f3n en la conciencia colectiva de d\u00f3nde est\u00e1 la verdad, ha sido tan eficiente que adem\u00e1s del ostracismo cient\u00edfico (recu\u00e9rdense las denuncias al respecto realizadas por Ivar Giaever o Pascal Richet), se ha instalado una presi\u00f3n social sobre las posiciones que, independientemente de criterios cient\u00edficos, se consideran como pol\u00edticamente incorrectas y peligrosas para el planeta.&nbsp; &nbsp;A este respecto, es interesante recordar aqu\u00ed las ideas de la polit\u00f3loga alemana Elizabeth Noelle \u2013 Neumann, que en su obra <em>La espiral del silencio<\/em> (2010),&nbsp;establece que la opini\u00f3n p\u00fablica es una poderosa forma de control social en la que los individuos adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no, tendiendo a asumir como buenas las posturas predominantes. Como consecuencia, la sociedad amenaza con el aislamiento a quienes adoptan las posturas contrarias haci\u00e9ndolas enmudecer en una espiral de silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>Es dif\u00edcil no recordar que hace casi cuatro siglos, un grupo de expertos cualificados, del m\u00e1ximo prestigio cient\u00edfico, alentados por la autoridad global del momento, evalu\u00f3 las ideas de Galileo sobre la posici\u00f3n de la Tierra respecto del Sol, y decidi\u00f3 por abrumadora mayor\u00eda que Galileo estaba equivocado, que nuestro planeta estaba fijo en el centro del Universo. \u00a1<em>E PUR SI MUOVE<\/em>!<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">AGRADECIMIENTOS<\/h2>\n\n\n\n<p>El texto del presente trabajo ha sido extra\u00eddo y refundido a partir de una serie de art\u00edculos sobre cambio clim\u00e1tico y calentamiento global publicados entre 2021 y 2022 en la revista digital <a href=\"http:\/\/www.Entrevisttas.com\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><strong>www.Entrevisttas.com<\/strong><\/a><strong>. <\/strong>Mi agradecimiento a Carmen Nikol, promotora y directora de la misma, por su apoyo para la edici\u00f3n de las publicaciones mencionadas y tambi\u00e9n por las facilidades prestadas para la publicaci\u00f3n del presente art\u00edculo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n, mi m\u00e1s sincero agradecimiento para mis colegas (y sin embargo amigos) Miguel Arbizu Senosi\u00e1in, Fernado Bastida Ib\u00e1\u00f1ez y Jose Antonio S\u00e1enz de Santa Mar\u00eda Benedet por sus aportaciones y sus comentarios constructivos para mejorar la claridad y el contenido de este art\u00edculo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/h2>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Berger, A. (1980).- The Milankovitch astronomical theory of paleoclimates: A modern review. Vistas in Astronomy. Vol. 24, Part 2, pp. 103-122. Elsevier.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Bryson, B. (2003).- Una breve historia de casi todo. RBA Libros S.A., p.511.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Cano S\u00e1nchez, J. (1994).- Grandes erupciones volc\u00e1nicas y su influencia en el clima.<br>Calendario meteorol\u00f3gico. 1994, p. 231-237. AEMET.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Croll, J. (1868).- On geological time, and the probable date of the glacial and the upper Miocene period , The London, Edinburgh, and Dublin Philosophical Magazine and Journal of Science, 35:238, 363-384.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Durkin, M. (2007),&nbsp;The Great Global Warming Swindle, Documental.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Giaever, I. (2012).- The strange case of global warming. Lindau Nobel Laureate meetings.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Jouzel,J. ; Masson-Delmotte, V.; Cattani, O.; Dreyfus, G.; Falourd, S.&nbsp;; Hoffmann, G.; Minster, B.&nbsp;; Nouet, J.; Barnola, M; Chappellaz, J.; Fischer, H.; Gallet, J.C.; Johnsen, S.; Leuenberger, M.; Loulergue, L.; Luethi, D.; Oerter, H.; Parrenin, F.; Raisbeck, G.; Raynaud, D.; Schilt, A.; Schwander, J.; Selmo, E.; Souchez, R.; Spahni, R.; Stauffer, B.; Steffensen, P.; Stenni, B.; Stocker, T.F.; Tison, J.L.; Werner, M. y Wolff E.W. (2007). &#8211; Orbital and Millennial Antarctic Climate Variability over the Past 800 000 Years. Science 317, 793. DOI: 10.1126\/science.1141038.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Koonin, S.E. (2021).- What Climate Science Tells Us, What It Doesn&#8217;t, and Why It Matters. Benbella Books. 316 p.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Lomborg, B. (2003).- El ecologista esc\u00e9ptico. Editorial Espasa, 632 p. ISBN-13\u200f : \u200e&nbsp;978-8467019544.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Noelle \u2013 Neumann, E. N. (2010).- La espiral del silencio: Opini\u00f3n p\u00fablica: nuestra piel social. Ediciones Paid\u00f3s, 336 p. ISBN-13 \u200f : \u200e&nbsp;978-8449324321.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Pedraza, J. De, (1996).- Geomorfolog\u00eda: principios, m\u00e9todos y aplicaciones. Rueda, Madrid, p. 414.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>PEDRO, J.&nbsp;; JOCHUM, M.&nbsp;; BUIZERT, CH.; HE, F. ; BARKER, S. &amp; RASMUSSEN, S. (2018).- Beyond the bipolar seesaw: Toward a process understanding of interhemispheric coupling. Quaternary Science Reviews, 192.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Robador Moreno, A. (2015).- Cambios clim\u00e1ticos. Publicaciones del Instituto Geol\u00f3gico y Minero de Espa\u00f1a. Editorial Catarata, colecci\u00f3n Planeta Tierra. ISBN 978-84-9097-076-8, 128 p.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Rubio \u00c1guila, H. (2021). \u2013 Cambio Clim\u00e1tico \u00bfHecho o fraude? ASIN B08YS5QMC3, 358 p.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Shellenberger, M. (2021).- No hay apocalipsis. Editorial Deusto. 1586 p.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Shaviv, N. y Veizer, J. (2003).- Celestial driver of Phanerozoic climate? GSA Today, 13 (7), 4-10.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Svensmark, H. &amp; Christensen, E.F. (1997).- Variation of cosmic ray flux and global cloud coverage\u2014a missing link in solar-climate relationships. Journal of Atmospheric and Solar-Terrestrial Physics. Volume 59, Issue 11,&nbsp;July 1997, Pages 1225-1232.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TIERRA Y TECNOLOG\u00cdA N\u00ba 60 | DOI: \u00a0https:\/\/dx.doi.org\/10.21028\/eog.2022.11.30\u00a0|\u00a0Autor: Enrique Ortega Giron\u00e9s, ge\u00f3logo. RESUMEN Los medios de comunicaci\u00f3n, de forma sesgada, suelen presentar ante la opini\u00f3n p\u00fablica al fen\u00f3meno del calentamiento global como un proceso exclusivamente atribuible a las actividades antr\u00f3picas, y sobre el que la Humanidad tiene capacidad para detenerlo e incluso revertirlo. 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