{"id":1020,"date":"2014-07-21T11:20:57","date_gmt":"2014-07-21T11:20:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.icog.es\/TyT\/?p=1020"},"modified":"2016-09-06T12:58:40","modified_gmt":"2016-09-06T12:58:40","slug":"la-fiebre-del-oro-del-klondike","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/index.php\/2014\/07\/la-fiebre-del-oro-del-klondike\/","title":{"rendered":"La fiebre del oro del Klondike"},"content":{"rendered":"<p><strong>Tierra y Tecnolog\u00eda n\u00ba 44 |\u00a0Texto | <a href=\"http:\/\/www.jordicanal.com\/\" target=\"_blank\">Jordi Canal-Soler<\/a><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A finales del mes de agosto del a\u00f1o 1896, un hombre excitado irrump\u00eda en el saloon de Bill McPhee en la peque\u00f1a poblaci\u00f3n de Fortymile, un campamento minero en la riba del r\u00edo Yuk\u00f3n, en Canad\u00e1. El pueblo no ten\u00eda ni diez a\u00f1os desde su creaci\u00f3n y se hab\u00eda establecido junto a un peque\u00f1o yacimiento de oro que hab\u00eda atra\u00eddo a muchos mineros pero cuyas minas hab\u00edan resultado pobres. Muchos de esos mineros desanimados pasaban las horas entre botellas de whisky y juegos de cartas. Cuando el forastero entr\u00f3 con las ropas sucias y arrugadas de unos d\u00edas de viaje, los cabellos revueltos, una barba descuidada y una mirada intensa, todos se giraron sorprendidos. El hombre, con la respiraci\u00f3n entrecortada por la emoci\u00f3n, dijo s\u00f3lo unas palabras:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Chicos, \u00a1hemos encontrado oro r\u00edo arriba!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro1y2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-1024 size-medium\" src=\"http:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro1y2-300x245.jpg\" alt=\"tyt44oro1y2\" width=\"300\" height=\"245\" srcset=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro1y2-300x245.jpg 300w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro1y2-160x130.jpg 160w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro1y2.jpg 520w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Esas palabras pronunciadas por George Carmack (figura 1) fueron el detonante de la mayor fiebre del oro de la historia, la fiebre del Klondike. El 17 de agosto de ese a\u00f1o, George Carmack, Skookum Jim (figura 2) y Tagish Charlie hab\u00edan encontrado oro en el lecho de Bonanza Creek, un afluente del r\u00edo Klondike, cerca de donde \u00e9ste desemboca en el Yuk\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan la ley canadiense, cada persona pod\u00eda delimitar con estacas una concesi\u00f3n para excavar una zona determinada. El descubridor pod\u00eda quedarse con dos concesiones, la inicial (Discovery Claim) y otra extra. El grupo de Carmack ya hab\u00eda estacado las concesiones a las que ten\u00eda derecho y tuvieron claro que para poder excavarlas y extraer el oro necesitar\u00edan una infraestructura que, aislados en medio de las monta\u00f1as boscosas y solitarias del Klondike, no ten\u00edan. Era necesario atraer a otros mineros para acabar creando todo un campamento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y lo consiguieron. La mayor\u00eda de los mineros de Fortymile abandonaron sus pobres concesiones para probar suerte en el Klondike. Muchos de ellos se hab\u00edan dedicado a la miner\u00eda toda su vida. Despu\u00e9s de la fiebre del oro de California de 1849, gran cantidad de mineros que no hab\u00edan hecho fortuna en las tierras soleadas de la costa oeste de los Estados Unidos empezaron a marchar hacia el norte, siguiendo la cordillera de las Rocosas. Algunos de ellos se quedaron en Juneau, donde se hab\u00eda descubierto oro, y en la d\u00e9cada de 1880 ya hab\u00eda unos doscientos mineros en Alaska y Yuk\u00f3n. Cuando corri\u00f3 la voz que se hab\u00eda descubierto gran cantidad de oro en el Klondike, todos confluyeron all\u00e1 y se mont\u00f3 un campamento que, en pocos a\u00f1os, se convirti\u00f3 en una de las principales ciudades del Canad\u00e1: Dawson City.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-1025 size-full\" src=\"http:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro3.jpg\" alt=\"tyt44oro3\" width=\"483\" height=\"690\" srcset=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro3.jpg 483w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro3-210x300.jpg 210w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro3-112x160.jpg 112w\" sizes=\"auto, (max-width: 483px) 100vw, 483px\" \/><\/a>A los pocos d\u00edas de la aparici\u00f3n de George Carmack en Fortymile, Bonanza Creek, el lugar del descubrimiento, ya estaba del todo estacado y los mineros que todav\u00eda llegaban buscaban concesiones en los arroyos cercanos, esperando que por proximidad tambi\u00e9n escondieran pepitas de oro en sus fondos. A medida que iban llegando m\u00e1s mineros, las concesiones se intercambiaban de manos. Alguien se jugaba a las cartas una concesi\u00f3n demasiado pobre, o se vend\u00eda parte de una rica a cambio de comida. Clarence Berry, por ejemplo, un camarero del saloon de Bill McPhee, intercambi\u00f3 la mitad de su concesi\u00f3n en Bonanza Creek por una mitad de una concesi\u00f3n en un arroyo cercano, bautizado como Eldorado Creek. Despu\u00e9s de lavar la grava extra\u00edda en invierno y pagar a sus trabajadores, le qued\u00f3 una fortuna de 130.000 d\u00f3lares por unos meses de trabajo. Otro minero compr\u00f3 una peque\u00f1a concesi\u00f3n sobrante que nadie quer\u00eda y despu\u00e9s de empezar a excavar en ella, la fracci\u00f3n result\u00f3 ser una de las secciones de tierra m\u00e1s ricas de todos los campos aur\u00edferos y provey\u00f3 a su propietario con medio mill\u00f3n de d\u00f3lares en oro\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><!--more-->En verano de 1897, aquellos primeros mineros que hab\u00edan descubierto oro en el Klondike y hab\u00edan explotado sus concesiones retornaron triunfales\u00a0al sur. El primer cargamento de oro salido del Klondike baj\u00f3 por el r\u00edo Yuk\u00f3n desde Dawson City en dos barcos. Cuando llegaron al puerto de St. Michael, en la desembocadura del Yuk\u00f3n, lo hicieron con una carga total de un mill\u00f3n y medio de d\u00f3lares en oro. Aqu\u00ed el metal y pasajeros embarcaron en los vapores Excelsior y Portland, que se dirig\u00edan a San Francisco y Seattle, respectivamente. El Excelsior, m\u00e1s peque\u00f1o y r\u00e1pido que el Portland, lleg\u00f3 antes a su destino. En la tarde del 14 de julio de 1897 desembarcaron en San Francisco los ricos mineros que, con sus sacos llenos de oro, se dirigieron inmediatamente a las fundiciones Selby, donde evaluaron la calidad. Al siguiente d\u00eda los peri\u00f3dicos de San Francisco iban llenos de las noticias del descubrimiento, pero la divergencia entre los datos aportados por cada peri\u00f3dico diluy\u00f3 la novedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Seattle Post-Intelligencer (figura 3) sigui\u00f3 de una manera distinta la llegada a Seattle del Portland, prevista para el d\u00eda 17. Un periodista del peri\u00f3dico alquil\u00f3 una barca para interceptar al vapor antes de que llegara a puerto y se entrevist\u00f3 con el capit\u00e1n y con varios mineros, concretando las cantidades de oro que transportaban. Escribi\u00f3 el art\u00edculo durante el viaje de vuelta, avanz\u00e1ndose al Portland, y para cuando \u00e9ste lleg\u00f3 a Seattle a la ma\u00f1ana siguiente, el peri\u00f3dico ya hab\u00eda publicado la noticia en primera p\u00e1gina con un gran titular: \u201c\u00a1Una tonelada de Oro!\u201d. La cantidad era tan fant\u00e1stica que una multitud esper\u00f3 en el muelle la llegada del vapor para comprobar por s\u00ed mismos si esas cifras eran ciertas. Cuando los propios mineros que volv\u00edan del Klondike mostraron al gent\u00edo unos cuantos de esos sacos llenos del mineral, la noticia corri\u00f3 como la p\u00f3lvora por toda la ciudad y a los pocos d\u00edas por todo el pa\u00eds. Poco despu\u00e9s, todo el mundo lo sab\u00eda: \u00a1el Klondike era el sitio para ir!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se puede entender la fiebre del oro sin recordar que en la d\u00e9cada de 1890 los Estados Unidos pasaba una de las peores crisis econ\u00f3micas. No fue tan fuerte como la de 1929, pero en 1893 las reservas de oro hab\u00edan ca\u00eddo en picado y el mercado de acciones se hab\u00eda colapsado. La bancarrota bajo la presidencia de Grover Cleveland afect\u00f3 en un inicio a los ferrocarriles y a los bancos, continu\u00f3 con la industria y determin\u00f3 una ca\u00edda abismal de los precios del trigo y el algod\u00f3n. El p\u00e1nico se apoder\u00f3 de la sociedad. Muchos sufrieron hambre e indigencia, y una depresi\u00f3n general se extendi\u00f3 por todo el pa\u00eds. El descubrimiento de oro se vio entonces como un ant\u00eddoto para todos los males, una panacea que s\u00f3lo era necesario ir a buscar al norte. Cuando millones de trabajadores americanos ganaban menos de cincuenta d\u00f3lares al mes y un hombre pod\u00eda vivir c\u00f3modamente con su familia con los intereses generados por veinte mil d\u00f3lares en un banco, las fortunas que trajeron esos primeros mineros del Klondike hicieron brillar de esperanza los ojos de miles de personas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro4y5.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-1026\" src=\"http:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro4y5.jpg\" alt=\"tyt44oro4y5\" width=\"540\" height=\"406\" srcset=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro4y5.jpg 779w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro4y5-300x225.jpg 300w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro4y5-160x120.jpg 160w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro4y5-106x80.jpg 106w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro4y5-200x150.jpg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 540px) 100vw, 540px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Portland volvi\u00f3 a zarpar hacia el norte seis d\u00edas despu\u00e9s, y lo hizo cargado de futuros mineros que se dirig\u00edan hacia Dawson City. Seg\u00fan el Seattle Times, \u201clos granjeros dejaban sus arados, los pasantes sus libros de contabilidad, los peones sus picos y palas, los gandules ped\u00edan m\u00e1s dinero, los padres se desped\u00edan de sus esposas e hijos, hombres ricos, hombres pobres y hombres de clase media se daban prisa hacia las estaciones de tren con un \u00fanico objetivo: la gran fiebre del oro estaba en marcha\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De las 100.000 personas que marcharon hacia el Klondike a trav\u00e9s de las cinco rutas que se usaron para llegar a \u00e9l, ya fuera siguiendo el curso del Yuk\u00f3n desde su desembocadura en el mar de Bering; a trav\u00e9s de Ashcroft en Columbia Brit\u00e1nica; hacia el norte desde Edmonton a trav\u00e9s de las monta\u00f1as MacKenzie; o por el Chilkoot o el White Pass, s\u00f3lo 50.000 personas llegaron finalmente a Dawson. S\u00f3lo 4.000 encontraron oro y s\u00f3lo 400 consiguieron inmensas fortunas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En diez a\u00f1os se extrajeron 300 millones de d\u00f3lares en oro, pero este dinero fue a parar a una \u00ednfima minor\u00eda de los que hab\u00edan empezado el viaje.\u00a0Y lo m\u00e1s ir\u00f3nico de la fiebre del oro del Klondike es que, aunque parec\u00eda la m\u00e1s dif\u00edcil, la ruta del Chilkoot Pass fue en realidad la m\u00e1s f\u00e1cil. \u00c9ste era el \u00fanico paso que se pod\u00eda usar en invierno ya que, aunque cubierto de nieve, era practicable entre las monta\u00f1as. Se calcula que unas 40.000 personas cruzaron el Chilkoot Pass. La Polic\u00eda Montada del Canad\u00e1, previendo las necesidades que los mineros tendr\u00edan para sobrevivir el invierno, obligaba a todo el mundo que quisiera entrar en el Yuk\u00f3n a transportar una tonelada de equipaje entre comida, ropa, tienda, estufa, etc. El paso del Chilkoot se convirti\u00f3 en un hormiguero de porteadores cargados con mochilas de 30 kg recorriendo arriba y abajo la pendiente nevada de la monta\u00f1a para transportar toda la carga hasta el cuello. La escena fue inmortalizada en la obra escrita de Jack London (figura 4), que particip\u00f3 en la fiebre, y en la pel\u00edcula La quimera del oro de Charles Chaplin (figura 5), entre otras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ruta del Chilkoot empezaba en la ciudad de Skagway, al final del canal de Lynn, un estrecho fiordo del sureste de Alaska. Aqu\u00ed surgi\u00f3 de la nada una ciudad fronteriza, de tiendas de tela y fachadas de madera que poco a poco se fue organizando para dar la bienvenida a los miles de expedicionarios que iban a remontar el paso del Chilkoot. Aqu\u00ed pod\u00edan los exploradores comprar el material necesario para entrar en el Yuk\u00f3n y pod\u00edan saciar su sed en uno de los m\u00faltiples salones (hab\u00eda m\u00e1s bares que iglesias en el pueblo). Pero desde el inicio los reci\u00e9n llegados tambi\u00e9n pod\u00edan ser objeto de estafas o robos de rufianes que controlaban una poblaci\u00f3n al margen de la ley. Uno de los personajes m\u00e1s carism\u00e1ticos, pero a la vez m\u00e1s bellacos de Alaska, fue Soapy Smith, uno de estos estafadores que lleg\u00f3 a ser considerado el rey de Skagway. Los m\u00e9todos que \u00e9l y sus secuaces ten\u00edan para sacar el dinero a los mineros eran, cuanto menos, de mucha inventiva. Uno de los m\u00e1s f\u00e1ciles era a trav\u00e9s del tel\u00e9grafo. El \u00fanico aparato de la ciudad pertenec\u00eda a Soapy Smith, y cuando los usuarios mandaban un mensaje de despedida a sus familiares de los estados sure\u00f1os, enseguida llegaba una respuesta en la que solicitaban ayuda econ\u00f3mica porque les hab\u00edan salido dificultades. En realidad, el cable del tel\u00e9grafo acababa en el mar y los mensajes eran falsos, pero los infelices estafados, queriendo ayudar a sus familias, mandaban dinero (a trav\u00e9s de la \u00fanica empresa de env\u00edos, tambi\u00e9n propiedad de Soapy Smith) que nunca llegaba a su destino. La muerte encontr\u00f3 al poco tiempo a Soapy Smith durante una escaramuza\u00a0con un miembro del grupo de personas que se hab\u00edan empezado a organizar para combatir a la mafia establecida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro6y7.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-1027\" src=\"http:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro6y7.jpg\" alt=\"tyt44oro6y7\" width=\"540\" height=\"248\" srcset=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro6y7.jpg 980w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro6y7-300x137.jpg 300w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro6y7-160x73.jpg 160w\" sizes=\"auto, (max-width: 540px) 100vw, 540px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquellos que no fueron robados por Soapy y su banda pudieron proseguir la marcha a trav\u00e9s del camino del Chilkoot. En la actualidad, la secci\u00f3n estadounidense y la secci\u00f3n canadiense del paso est\u00e1n protegidas por un Parque Nacional que es en realidad posiblemente el museo m\u00e1s largo del mundo. Durante los 53 km de su recorrido se pueden ir encontrando viejos materiales abandonados por los expedicionarios: sartenes rotas y carcomidas por la oxidaci\u00f3n, viejos zapatos ra\u00eddos por el tiempo, grandes poleas de las m\u00e1quinas que poco a poco fueron apareciendo para relevar las espaldas de los hombres y facilitar el transporte de las mercanc\u00edas, etc. Algunos puebluchos fueron surgiendo a lo largo del camino para dar servicio a los miles de hombres y mujeres que transitaron por los estrechos senderos, pero los restos de esas ef\u00edmeras construcciones est\u00e1n ya cubiertas por una espesura de maleza. Algunas botellas de cerveza, una gran caldera y una puerta de tablones de madera que ha aguantado el paso de cien a\u00f1os todav\u00eda indican d\u00f3nde se hab\u00eda erigido uno de los salones de Sheep Camp, en medio de la ruta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las Golden Scales los mineros ten\u00edan que superar la empinada rampa de nieve y hielo que ha venido a representar en el imaginario colectivo las penalidades de esa larga marcha al interior de Canad\u00e1 (figuras 6 y 7). El nombre (los escalones dorados) viene del negocio de un par de oportunistas que una noche de invierno excavaron a pico y pala toda una serie de escalones en el hielo y a la ma\u00f1ana siguiente se encontraban abajo cobrando peaje (en polvo de oro) por el uso de los escalones a los agradecidos porteadores que ve\u00edan as\u00ed facilitada su ascensi\u00f3n hasta el cuello de la monta\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un paso paralelo al Chilkoot fue el White Pass o Deadhorse Trail (el camino de los caballos muertos), apellidado as\u00ed por las condiciones tan complicadas del camino que despe\u00f1aba las monturas o las mataba de cansancio. A los pocos a\u00f1os se empez\u00f3 a construir un ferrocarril para llevar carga y personas hasta el lago Bennett, pero cuando se acab\u00f3 de construir, la fiebre del oro ya hab\u00eda terminado y nadie lo us\u00f3. El ferrocarril, con estupendas vistas de las monta\u00f1as y uno de los recorridos m\u00e1s esc\u00e9nicos del mundo, se recuper\u00f3 como tren tur\u00edstico y hace las delicias de los pasajeros de los grandes cruceros que surcan las aguas del sureste de Alaska.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez superado el paso del Chilkoot, los mineros constru\u00edan una embarcaci\u00f3n en Bennett Lake, donde nace el Yuk\u00f3n, y navegaban m\u00e1s de 600 km a lo largo del r\u00edo hasta Dawson City. La mayor\u00eda de los expedicionarios no hab\u00edan navegado jam\u00e1s, y algunos de los r\u00e1pidos del Yuk\u00f3n, como los de Whitehorse, eran tan fuertes que las embarcaciones quedaban reducidas a astillas. La Polic\u00eda Montada orden\u00f3 que nadie pod\u00eda pasar por los r\u00e1pidos y hab\u00eda que descargar el bote y transportarlo por tierra hasta superar el obst\u00e1culo. La ciudad que surgi\u00f3 al lado del r\u00edo para dar servicio a los viajeros, Whitehorse, es hoy en d\u00eda la capital de la provincia canadiense del Yuk\u00f3n, y una pr\u00f3spera ciudad de fachadas pintadas con im\u00e1genes de esa \u00e9poca dorada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro8y9.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-1028\" src=\"http:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro8y9.jpg\" alt=\"tyt44oro8y9\" width=\"540\" height=\"436\" srcset=\"https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro8y9.jpg 985w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro8y9-300x242.jpg 300w, https:\/\/www.icog.es\/TyT\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/tyt44oro8y9-160x129.jpg 160w\" sizes=\"auto, (max-width: 540px) 100vw, 540px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mayor\u00eda de los que se hab\u00edan dirigido hacia el Klondike a partir de la llegada del Excelsior y el Portland, llegaron a Dawson a mediados de 1897, un a\u00f1o despu\u00e9s del descubrimiento (figura 8). Todas las concesiones en los r\u00edos ya estaban asignadas a los sourdough, los mineros veteranos que ya\u00a0staban cerca cuando se inici\u00f3 la fiebre. Sin poder cumplir su sue\u00f1o, los reci\u00e9n llegados s\u00f3lo pod\u00edan volver a sus casas, quedarse a trabajar en las minas como peones de los que hab\u00edan llegado antes o trabajar en los negocios que empezaban a nacer en Dawson. Los que no se hicieron ricos en las minas, lo intentaron con los mineros. Uno de los primeros que intuy\u00f3 que la riqueza se lograba m\u00e1s r\u00e1pidamente aprovech\u00e1ndose de los mineros y no ensuci\u00e1ndose en las minas fue Joe Ladue, que en septiembre de 1896 construy\u00f3 el primer edificio de Dawson City, esboz\u00f3 un mapa de c\u00f3mo deb\u00eda ser la ciudad e instal\u00f3 el primer aserradero. Al poco tiempo ya hab\u00eda levantado el primer sal\u00f3n, que le generaba unos ingresos de m\u00e1s de cien onzas de oro al d\u00eda: en Dawson City las monedas de plata y los billetes de papel, conocidos como dinero \u201ccheechako\u201d, empezaron a escasear desde muy al principio, y la moneda de intercambio era el polvo de oro, que se pagaba a diecisiete d\u00f3lares la onza. En los saloons, llenos de mineros que ven\u00edan a celebrar sus descubrimientos, un pellizco de oro pasaba por un d\u00f3lar. Los camareros ganaban una onza y media por d\u00eda de trabajo, o m\u00e1s si ten\u00edan pulgares especialmente grandes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El \u00e9xito de Dawson City fue ef\u00edmero. Pas\u00f3 de una poblaci\u00f3n de 40.000 habitantes en 1898, en pleno boom minero, a s\u00f3lo 8.000 en 1899, cuando con el descubrimiento de oro en Nome la mayor\u00eda de los mineros sin concesi\u00f3n marcharon de la ciudad hacia la costa oeste de Alaska. Con los a\u00f1os, las minas se fueron agotando y aparecieron las grandes dragas de madera de las grandes compa\u00f1\u00edas (figura 9), que excavaban con mayor eficiencia las concesiones ya trabajadas a pico y pala. \u00c9stas todav\u00eda hoy est\u00e1n presentes en el paisaje como testigo de una \u00e9poca pasada y alguna de ellas puede visitarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Actualmente, Dawson City acoge a m\u00e1s de 60.000 turistas al a\u00f1o atra\u00eddos por los restos de ese pasado dorado. Todav\u00eda quedan muchos de los edificios de madera de esa \u00e9poca y la ciudad conserva el aire de una poblaci\u00f3n fronteriza t\u00edpica del Far West (figuras 10 y 11). Y siguiendo el r\u00edo Klondike arriba, en alguna concesi\u00f3n, a\u00fan se puede probar suerte con la pala y la batea. Dicen que, de vez en cuando, alg\u00fan turista todav\u00eda encuentra alguna peque\u00f1a pepita de oro.<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>Jack London y la fiebre del oro<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Uno de los escritores que supo captar mejor las desventuras de esos mineros que siguieron la fiebre del oro fue Jack London, que de joven se a\u00f1adi\u00f3 a los aventureros en un viaje hacia el Klondike. En uno de sus cuentos, Los buscadores de oro del norte, explica los sufrimientos a los que fueron sometidos los primeros mineros que llegaron al Yuk\u00f3n: \u201cSe olvidaron del mundo y de sus costumbres, as\u00ed como el mundo se olvid\u00f3 de ellos. Se alimentaban de caza cuando la encontraban, com\u00edan hasta hartarse en tiempos de abundancia y pasaban hambre en tiempos de escasez, en su incesante b\u00fasqueda del tesoro amarillo. Cruzaron la tierra en todas las direcciones. Atravesaron innumerables r\u00edos desconocidos en precarias canoas de corteza, y con raquetas de nieve y perros abrieron caminos por miles de millas de silencio blanco, donde nunca antes hab\u00eda andado un hombre. Avanzaron dif\u00edcilmente, bajo la aurora boreal o el sol de medianoche, con temperaturas que oscilaban entre los 38 oC y los -70 \u00baC, viviendo, en las dificultades de la tierra, de huellas de conejo y tripas de salm\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p><strong>Comida y distracciones a precio de oro<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La riqueza que los primeros buscadores de oro consiguieron en el Klondike no les dur\u00f3 mucho tiempo. Aislada como estaba del exterior, Dawson sufri\u00f3 algunos momentos de necesidad. Como un rey Midas que no pod\u00eda alimentarse del oro que creaba, los mineros tampoco pudieron comprar todo lo que desearon. Condenados \u00a0a comer conservas todo el invierno, en el inicio de la primavera de 1898 los miles de mineros que hab\u00eda en Dawson esperaban ansiosos que el hielo del Yuk\u00f3n se fundiera para permitir a los barcos llegar con comida fresca. Las primeras doscientas docenas de huevos frescos se vendieron en menos de una hora a dieciocho d\u00f3lares la docena. La sal con la que algunos sazonaron los huevos pod\u00eda llegar a costar su peso en oro. La primera vaca no tard\u00f3 en llegar a Dawson y el primer gal\u00f3n de leche se vendi\u00f3 a treinta d\u00f3lares. El propietario del Aurora Saloon compr\u00f3 unos litros y la vendi\u00f3 en tazas a 5 d\u00f3lares, cinco veces m\u00e1s cara que un vaso de whisky.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero seguramente la idea m\u00e1s original la tuvo un minero analfabeto que compr\u00f3 la primera copia del Seattle Post-Intelligencer que lleg\u00f3 a la ciudad. En una tierra donde la escasez de material impreso convert\u00eda en excitante hasta la lectura de un diccionario durante las largas noches de invierno, los mineros pagaban cualquier cosa para poder escuchar noticias frescas. El propietario del peri\u00f3dico pag\u00f3 a un abogado para que lo leyera en voz alta en el Pioneer\u2019s Hall y cobr\u00f3 entrada a todos los centenares de personas \u00e1vidas de noticias de los estados del sur. Tuvieron que hacer dos sesiones para contentar al numeroso p\u00fablico asistente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tierra y Tecnolog\u00eda n\u00ba 44 |\u00a0Texto | Jordi Canal-Soler A finales del mes de agosto del a\u00f1o 1896, un hombre excitado irrump\u00eda en el saloon de Bill McPhee en la peque\u00f1a poblaci\u00f3n de Fortymile, un campamento minero en la riba del r\u00edo Yuk\u00f3n, en Canad\u00e1. 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