Benito Eladio Rivera Priero - Vocal de Medio Ambiente ICOG
El paisaje de nuestra vida
27/07/2005“La pasada madrugada del martes 26 de julio, desapareció del Museo del Prado el óleo sobre lienzo de finales del siglo XIX titulado Guadarrama, obra del pintor Aureliano de Beruete y Moret. Esta obra refleja la profunda admiración que el artista mostraba por los paisajes madrileños, plantando su caballete en pleno campo y pintando lo que veía, acercándose a la filosofía impresionista, esta circunstancia se ve claramente reflejada en diferentes obras del pintor como su otro cuadro titulado Orillas del río Manzanares. Este y otros trabajos del artista parecen una continuación de los paisajes que Velázquez pintó para los cuadros de caza y los que, su más próximo en el tiempo, Francisco de Goya realizó en la creación de modelos paral a creación de los tapices destinados a la decoración de las diferentes estancias del Palacio de El Pardo. La desaparición de esta obra paisajística constituye una pérdida irreparable de incalculable valor económico y cultural...”
Por suerte esta noticia es falsa, no cabe duda que si se produjera de forma real la repercusión que la misma tendría en los medios de comunicación sería tremenda a nivel mundial, despertando sensibilidades e indignación por semejante pérdida, lo cual yo compartiría. Pero lo que no es falso es que diariamente desaparecen de nuestro entorno más inmediato múltiples recursos paisajísticos y por ende naturales, que constituyen el patrimonio “pictórico” de nuestra vida. Esta circunstancia debería generar en la sociedad las mismas inquietudes que las que hemos supuesto generaría la noticia anterior.
Intentando no caer en dramatismos, aunque las circunstancias lo requieran, la preservación del paisaje se fundamenta en la valoración del mismo dotándole de su correcta dimensión. Muchas veces los profesionales que trabajamos en el estudio o valoración del medio nos generamos una visión sesgada del entorno, centrándonos exclusivamente en aquel aspecto que estemos analizando, bien sea suelo, substrato, flora, fauna,..., o cualquiera de los elementos objetivo de nuestro trabajo, esta circunstancia nos lleva a la no valoración del conjunto y las posibles repercusiones que determinada acción infringe al paisaje. Una vez más los árboles no nos dejan ver el bosque y deberíamos ser nosotros los primeros en mostrar una clara sensibilidad frente a la pérdida del recurso que constituye el paisaje y contribuir a la valoración que la sociedad debe tener del mismo.
Son múltiples las definiciones que existen sobre el paisaje y todas ellas se pueden valorar como correctas. La definición que vamos a coger es la que define el paisaje como la parte visible del medio ambiente, siendo el resultado de la interacción de todos y cada uno de los elementos presentes en el entorno. Siendo esto así, hace que cada paisaje, en la dimensión que queramos, sea algo exclusivo. Podrán existir paisajes similares, paisajes que muestren elementos más o menos singulares, pero todos y cada uno de ellos son paisajes exclusivos que han de ser valorados de forma individual.
El desarrollo de una sociedad lleva implícito la creación de nuevas y múltiples infraestructuras que pretenden mejorar nuestra calidad de vida y proporcionarnos servicios de toda índole, también se limitan espacios que se les dota de una especial protección por su valor natural y paisajístico y aún así se producen agresiones en forma de incendios, desastres naturales que se ven acentuados por una mala gestión, circunstancias más o menos naturales como la actual sequía y múltiples agresiones que contribuyen a la degradación, en muchos casos irreversibles, del paisaje.
Quizás lo leído hasta ahora puede generar la sensación de que estamos frente a una postura en contra del desarrollo de nuevas infraestructuras, crecimientos urbanísticos, desarrollos industriales, nuevas vías de comunicación. Nada más lejos de la realidad, lo que sí se pretende reflejar es la necesidad de la correcta valoración del medio y la búsqueda de la opción más adecuada para la perfecta integración de los diferentes elementos e infraestructuras en el paisaje, que la implantación de estas, en vez de producir una devaluación y degradación del paisaje y el medio ambiente, contribuyan a su correcta preservación e incluso revalorización.
Desde siempre la especie humana a alterado el entorno donde vive, circunstancia que ha ido creciendo de forma exponencial a lo largo del tiempo. Pero volviendo al inicio de este artículo, como ocurre en pintura, son muchos los expertos que se dedican a la restauración y recuperación de pinturas y obras de arte, de la misma forma nuestro entorno requiere que se desarrollen trabajos profesionales de restauración y recuperación de paisajes de forma generalizada y no sólo en los espacios protegidos, si no en el medio en general. La conciencia social y política junto con la correcta valoración económica nos puede llevar a la preservación de las mejores pinacotecas de nuestra vida, el paisaje de nuestro entorno.
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